Mario E. Fumero
En este artículo deseo plantear mi posición sobre la escasez de agua que afecta a la capital de Honduras, Tegucigalpa. Muchos atribuyen esta crisis únicamente al fenómeno de “El Niño”; sin embargo, considero que la situación es el resultado de una evolución histórica que ha dejado a Tegucigalpa en condiciones críticas. La ciudad ha crecido de manera acelerada y, en muchos sectores, desordenada, sin que haya existido una visión de Estado capaz de enfrentar el crecimiento poblacional mediante una adecuada planificación de los recursos necesarios para su subsistencia.
A mi juicio, existen dos factores fundamentales que han contribuido a la crisis del agua en Tegucigalpa. El primero es la falta de planificación ante un crecimiento poblacional acelerado y desordenado, que ha sobrepasado la capacidad de abastecimiento del preciado líquido. El segundo está relacionado con los fenómenos naturales y el deterioro ambiental, particularmente la deforestación y los incendios forestales, que afectan las zonas de captación y reducen la capacidad de los ecosistemas para conservar y regular el agua.
Hemos visto con asombro cómo la capital ha crecido aceleradamente durante las últimas décadas. De una ciudad con una población menor a 700,000 habitates en la década del 80 y 90, Tegucigalpa y Comayagüela se han convertido en una extensa área urbana que supera ampliamente el millón de habitantes. Este crecimiento poblacional no siempre ha estado acompañado por una ampliación proporcional de las fuentes de abastecimiento, los sistemas de almacenamiento y la infraestructura necesaria para garantizar el suministro de agua.
Todo crecimiento poblacional debe ir acompañado de un crecimiento proporcional de los recursos hídricos y energéticos. Cuando no se invierte oportunamente en la infraestructura de una ciudad, inevitablemente aparecen problemas que terminan convirtiéndose en crisis. Tegucigalpa no solamente enfrenta dificultades con el abastecimiento de agua, sino también problemas relacionados con la energía, el sistema vial, la disposición de los desechos y el deterioro ambiental.
Durante las últimas décadas, los gobiernos municipales y nacionales han tenido el desafío de planificar el crecimiento urbanístico y garantizar el suministro de agua frente al aumento de la población. No podemos negar que la capital ha crecido de forma acelerada y, en muchos casos, sin una planificación urbana suficiente. El resultado es una ciudad que enfrenta actualmente una crisis de grandes dimensiones.
Incluso si las lluvias fueran abundantes, y las represas alcanzaran niveles adecuados, debemos preguntarnos si la capacidad de almacenamiento existente sería suficiente para cubrir la creciente demanda durante los períodos de sequía. El problema, por tanto, no consiste únicamente en “cuánto llueve”, sino también en cuánta agua somos capaces de captar, almacenar, tratar y distribuir.
La topografía de Tegucigalpa constituye además un desafío importante. Los desniveles del terreno dificultan la distribución del agua hacia determinadas zonas de la ciudad, y encarecen la construcción y mantenimiento de la infraestructura. Cuando el crecimiento urbano ocurre sin una planificación adecuada, estas dificultades se multiplican.
La crisis del agua forma parte de una problemática más amplia. La acumulación de basura, la contaminación de los ríos y quebradas, la pérdida de cobertura forestal, los incendios y la expansión urbana sobre zonas ambientalmente importantes son factores que terminan afectando la disponibilidad y calidad del recurso hídrico.
Por eso, nuestro problema no se resolverá simplemente con una temporada de lluvias abundantes. Aunque las lluvias contribuyen a recuperar las fuentes de abastecimiento, necesitamos contar con suficientes sistemas de captación y almacenamiento para enfrentar los períodos secos. Una ciudad que crece constantemente necesita también aumentar y proteger sus reservas estratégicas de agua.
¿Cuál es la solución? Tegucigalpa necesita una política de Estado para el agua, que trascienda los períodos de cada gobierno. Es indispensable aumentar la capacidad de captación y almacenamiento, proteger las zonas productoras de agua, combatir la deforestación y los incendios, controlar el crecimiento urbano y desarrollar nuevas fuentes de abastecimiento. No podemos continuar permitiendo que la ciudad crezca indefinidamente sin considerar primero si existen suficientes recursos para sostener a la población.
La crisis actual debe servir como una advertencia. El agua no es un recurso ilimitado y una ciudad no puede desarrollarse únicamente construyendo viviendas y carreteras; también necesita garantizar agua potable, energía, saneamiento, transporte y protección ambiental. El verdadero problema es que durante décadas no hemos preparado adecuadamente a la capital para enfrentar el crecimiento de su población y los cambios ambientales.
La solución requiere aumentar los reservorios de agua, proteger las fuentes existentes, buscar nuevas fuentes de abastecimiento y establecer una verdadera planificación urbana. No podemos seguir permitiendo que Tegucigalpa crezca desmedidamente sin garantizar primero los recursos básicos necesarios para sostener su existencia.
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