Mario E. Fumero
En un campamento juvenil, celebrado en el año 1.989[1], vimos como muchos jóvenes fueron llenos del Espíritu Santo, y experimentaron una borrachera espiritual maravillosa, algunos inclusos con expresiones de risas y gozo. Este fue un tiempo maravilloso, de visitación en una tierra árida y difícil como es España. ¿Pero son bíblicas estas manifestaciones? Según parece, entre las primeras reacciones de una manifestación del Espíritu en la vida del creyente está la de experimentar un comportamiento similar al de un ebrio. En la Biblia encontramos acciones de este tipo. Una de las primeras en aparentar estar ebria fue Ana; «Sucedió que mientras ella oraba largamente delante de Jehovah, Elí observaba la boca de ella. Ana hablaba en su corazón; sólo se movían sus labios, pero no se oía su voz. Elí creyó que ella estaba ebria. Y le preguntó Elí: –¿Hasta cuándo vas a estar ebria? ¡Aparta de ti el vino! Ana respondió y dijo: –No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu. No he bebido vino ni licor, sino que he derramado mi alma delante de Jehovah». (1 Samuel 1:12-15).
El día de pentecostés muchos de los que vieron ese avivamiento en el aposento alto pensaron que estaban ebrios, por el hablar en lenguas[2], y el ruido que hacían, a lo que Pedro respondió:” Porque éstos no están embriagados, como pensáis, pues es solamente la tercera hora del día.» (Hechos 2:15) Pablo dice: «Y no os embriaguéis con vino, pues en esto hay desenfreno. Más bien, sed llenos del Espíritu,»(Efesios 5:18)
Haciendo referencia a otro tipo de borrachera que viene de la llenura del Espíritu Santo. Este tipo de experiencia en una visitación del Espíritu es común, por lo cual debemos asumirlo y experimentarlo como consecuencia del bautismo del Espíritu Santo. Sin embargo, puede haber un serio peligro si no sabemos equilibrar, y colocar esta experiencia dentro de un correcto contexto bíblico. En mis viajes por Centro América ví como este acontecimiento, no sólo era una manifestación más en la gama de hechos espirituales, sino que se predicaba y enseñaba como algo vital, a tal grado, que en algunas iglesias los hermanos se «emborrachaban» a través de un vaso de agua, sobre el cual oraban, y después decían que se convertía en vino, y esto ocurría en todos los cultos, como parte de la liturgia. Después comenzaban a danzar y a gritar, hasta quedar completamente extenuados. Habían hecho de las borracheras, no una expresión genuina, sino una forma de culto.
¿SON LAS EXPERIENCIAS REPETITIVAS?
Es bueno señalar que las experiencias son hechos comunes que se repiten pocas veces[3], y tienden a llevarnos a órbitas espirituales superiores, y no es normal que se vuelvan en acciones del diario vivir, por tres razones:
1º Porque en tal caso dejan de ser experiencias para convertirse en unas costumbres rutinarias que terminan cansándonos, y llevándonos a una liturgia que desvirtúa el hecho.
2º Porque limitan el poder de Dios a un hecho específico, no dando lugar a otras manifestaciones del Espíritu.
3º Porque el propósito de Dios con un hecho prodigioso; borrachera, ruidos, danzas, caídas, quebrantamiento, etc.…es llevarnos a la vida del Espíritu Santo, pletórica de muchas manifestaciones que son más edificantes, como la operación de los nueve dones, (1 Corintios 12) y el predicar con poder, prodigios y señales.
El plan de Dios es liberarnos de toda atadura. Las experiencias, reveladas en el libro de los Hechos, no son algo común, ni diario. Dios usa esos medios para dejarle sentir a su pueblo su poder. Son etapas en las cuales no debemos encerrarnos, ya que éstas operan en situaciones y lugares específicos, dentro de la vida de la comunidad, y no podemos establecerlas como una forma común de conducta en todo el mover de Dios. Estos hechos, como todos lo que vienen del Espíritu, se rigen por las mismas reglas que gobiernan los dones espirituales: «Pero todas estas cosas las realiza el único y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él designa (o quiere).» (1 Corintios 12:11) y de acuerdo con las necesidades del pueblo. Recordemos el término «EN PARTICULAR»: «Pero todas estas cosas las realiza el único y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él designa.» (1 Corintios 12:11). Esto establece el hecho de que el Espíritu Santo opera con absoluta soberanía, dándole a cada cual lo que necesita, no porque sigue una regla determinada, y generalizada, sino porque él sabe de qué cosa tenemos necesidad en cada momento, repartiendo «en particular» y debemos definir muy bien el término «particular».
Y para concluir, no debemos confundir el gozo con la risa que experimentamos en una manifestación de llenura del Espíritu. El gozo es un fruto del Espíritu en la vida del cristiano, el cual nos ayuda a tener una actitud positiva y jovial en el diario vivir, pese a las adversidades de la vida. No confundamos tampoco que para que haya gozo, tiene que haber risas. También se puede llorar de gozo. (Gálatas 5:22, Hebreos 12:2, 2 Corintios 7:4)
[1] -Estos campamentos juveniles se celebran cada año en agosto en la finca Centro Peniel de Córdoba, lugar que funde en el 1984.
[2] – El fenómeno de la “glosolalia” o el hablar en lenguas es una de las más frecuentes manifestaciones en la pneumatologia (estudio del Espíritu Santo) y fue un hecho no limitado tan solo a este momento y época. (Ver Hechos 2:13, 1 Corintios 12 y 14).
[3] Podemos verificar esto analizando la experiencia de San Pablo cuando cuenta unos hechos que no ocurrieron muchas veces en su vida (2 Corintios 12:2-5). Al igual Pedro experimentó la visión de un lienzo, pero esto no ocurrió a diario (Hch 12).


