(Esta es la historia de un hombre que se hizo mujer y cuando conoció a Jesús revirtió su cambio de sexo para recuperar su felicidad”
Fui siete años alguien que en realidad no era. Viví bajo una identidad que no me pertenecía, identificado como mujer transgénero, atrapado en un ciclo oscuro de engaños, adicciones y un vacío que me estaba consumiendo. Por fuera aparentaba seguridad. Por dentro estaba roto, había confusión, dolor, abandono.
Mi corazón gritaba en silencio. El golpe más fuerte llegó cuando mi padre murió. Ese día sentí que mi mundo se partió. Ya no encontraba sentido para seguir. Y en mi punto más bajo, cuando nadie podía ayudarme, hice lo único que me quedaba: levanté mi voz y le hablé a Jesús.
No fue religioso. No fue bonito. Fue un grito desde la desesperación: “Jesús, si eres real, ayúdame”. Y Él respondió. No me juzgó. No me rechazó. No me usó de ejemplo para condenar a nadie. Se acercó a mí, justo donde estaba. Su presencia me abrazó, me levantó y cambió mi historia.
Donde había angustia puso paz. Donde había cadenas trajo libertad. Donde había oscuridad encendió una luz que no se ha vuelto a apagar. Hoy ya no vivo bajo una identidad que no era mía. Hoy camino con mi verdadero nombre.
Soy Josué. Hijo amado. Restaurado. Redimido por la gracia de Dios. Yo no me cambié. Jesús me transformó, y entonces dejé atrás lo que me destruía, quedó atrás el vacío, quedó atrás la mentira. Hoy camino firme, con un corazón nuevo y una esperanza viva que solo Jesús puede dar. Y si alguien necesita una señal de que todavía hay esperanza, aquí estoy.


