JUAN SIMARRO
No hay prepotencia que valga, no necesitamos “pendencieros cristianos”, no hay humillaciones que dignifiquen a nadie, no hay desprecios al hermano que edifiquen.
Creo que todo el mundo tiene derecho a usar la apologética para defender su fe, su religión, su forma de adorar a Dios. Creo que, también, la controversia sana puede ser útil en muchos casos si se hace con respeto. Tanto hacer apologética como controversia sana entra en el lado noble de la defensa de lo que cada uno cree. Estas prácticas sanas no entran dentro de mi concepto de “pendenciero cristiano”, que sería alguien propenso a otros tipos de “riñas” y desprecios religiosos.
Me gustaría compartir mi experiencia, siempre desde la humildad y sin intentar ofender a nadie, pero deseo expresarme un tanto abiertamente. Yo he visto que, desgraciadamente, hay personas evangélicas que, en muchos casos, se creen muy bien formados teológicamente o arraigados en la historia de todo el proceso evangélico, que, cuando se expresan en las redes sociales fundamentalmente, ven al otro, al evangélico que no es como ellos, como seres realmente degradados, con una imagen de Dios a la que dedican calificativos que no quiero repetir aquí, con una prepotencia en el juicio al otro que da entre pena y repugnancia.
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