Mario E. Fumero
La constitución de Honduras tiene 42 años de edad, está en plena madurez y desempeña un papel importante en la vida de una nación, pues es la carta magna. Nació como producto del esfuerzo de muchas personas que después de una década de regímenes militares, en una asamblea, pensaron en establecer las normas que deben regular la convivencia democrática dentro de un sistema republicano, con los poderes divididos, para equilibrar las fuerzas y evitar el poder absoluto y las dictaduras.
Al ser la constitución un papel escrito con normas, tristemente no tienen la posibilidad de expresarse, ni de reclamar los abusos que hacia ella se pueden cometen a diario, y yo me pongo a pensar, si la constitución de Hondura pudiera hablar y reclamar sobre su realidad en estos momentos ¿Que diría? posiblemente gritaría ¡por favor no me violes más!
Hace varios años leí un artículo en el cual se comentaba que la constitución tristemente se había prostituido, ya que ha sido violada para satisfacer intereses de grupos privilegiados y personas que, ostentando el poder, se sienten estar sobre ella, y no sólo la violan, sino que la pisotean ante un pueblo que en silencio contempla esta realidad.
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