Dr. César Vidal Manzanares
No deja de ser significativo que justo después de relatar la misión de los setenta, Lucas recoja una de las parábolas específicas de su evangelio. La labor de recogida de materiales históricos llevada a cabo por Lucas fue verdaderamente extraordinaria y entre ellos se encuentran algunas de las parábolas más sensacionales de Jesús, así como su paso por Perea apenas mencionado en otros evangelios.
Un ejemplo extraordinario de ese material lo constituye la parábola del buen samaritano. Célebre como es, ha sido objeto de interpretaciones penosas a lo largo de los siglos. San Agustín, por ejemplo, interpretaba que el herido era el género humano, que el samaritano era Cristo, que la posada era la iglesia y que las dos monedas que el samaritano entregaba al mesonero eran los dos sacramentos, es decir, el bautismo y la cena del Señor porque, claro a esas alturas históricas, todavía no había siete sacramentos. Era una exégesis ingeniosa, pero disparatada. También es verdad que peor ha sido la interpretación del papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti donde la parábola es el pretexto para una inmigración descontrolada, aunque entre los lugares que deben ser invadidos no se sitúe la ciudad del Vaticano.
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