Juan Stam
Son increíbles las desviaciones perversas que inventan día a día algunos personajes protestantes (me niego a llamarlos pastores ni tampoco «evangélicos», mucho menos «apóstoles» o «profetas»). No se dan cuenta del daño que hacen, o no les importa. Lo único que les importa es su propio poder, su éxito, fama y riqueza; son asalariados «de quienes no son propias las ovejas» (Jn 10:12). Por eso no les importa la vida de las víctimas que están engañando. Están dispuestos a todo, hasta a maldecir a otros que son obstáculo a sus ambiciones.
En mis andanzas y en mi pastoral electrónica, me he dado cuenta de muchos casos de estos abusos. Antes era sólo un problema de pastores dictadores que querían controlar toda la vida de sus feligreses. Ahora es cosa de tiranos inescrupulosos, verdaderos terroristas espirituales, dispuestos a destruir la vida de otros con sus maldiciones. Por todo eso salen muchas personas muy heridas de estas «iglesias», con graves crisis de fe. En los últimos meses he conocido dos casos típicos de estos terribles abusos. Seguir leyendo








