Levítico 19:33 «Cuando el extranjero morare con nosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis»
Vivimos en un mundo de discriminación con todos aquellos que no forman parte de nuestra nación. Los seres humanos han dividido el planeta en territorios, y han construido fronteras, como consecuencia de ello se creó la discriminación y el hostigamiento de todos aquellos que no pertenecen a nuestro propio entorno o cultura. Esto ha generado serios problemas en la migración ilegal, originando injusticias y abusos de todos lados, complicándose por los radicalismo islámico de los grupos terroristas.
Es necesario entender que a los extranjeros debemos tratarlos con dignidad y respeto, porque al fin y al cabo, todos los personajes bíblicos fueron extranjeros en tierras extrañas, y todos los cristianos también somos extranjeros, porque Jesús afirmó que nuestro reino no es de este mundo (Juan 18:36).
Es interesante estudiar el libro de Levítico, y descubrir como la ley dada por Dios ordenaba respetar y protege, tanto a los extranjeros, como a los nacionales, para que no fuesen oprimidos, estableciendo la igualdad para todos bajo una mismas leyes, sin excepción de personal (Levítico 24:22). Sin embargo, ser extranjero no me libra de las responsabilidades sociales con el país que me acoge, ni tampoco, siendo nativo, debemos aferrarnos a esa identidad como algo absoluto, porque como cristianos, nuestra ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20), y no debemos hacer acepción de persona, por color, raza o identidad nacional, porque en Cristo Jesús, todos somos un mismo pueblo (1 Pedro 2:9).








