Mario E. Fumero
El acto terrorista acontecido el 11 de septiembre del 2001 en los Estados Unidos demostró que, para las huestes terroristas a nivel mundial, no existe ningún lugar invulnerable. No importa lo poderosa que sea una nación, cuando se actúa con maldad, cualquier pequeño agujero en el control y la seguridad nacional se convierte en una bomba de tiempo para producir daño y perjuicio a la población civil inocente. Esta es la guerra sucia de los últimos tiempos, se lucha contra un enemigo invisible que carece de sentimientos y cordura.
La maldad tiene muchas formas. Se puede producir un daño terrorista hasta con un pequeño frasco de colonia, lleno de alguna sustancia química o biológica, que fácilmente se puede introducir en una nación, para esparcirla en un tanque de agua, o en el aire, y contaminar y matar a miles o millones de personas. Las películas han revelado este tipo de acciones, que no son ficción, sino que se puede convertir en realidad. Ya vieron ustedes como los atentados a las Torres Gemelas, en Nueva York, dejaron un pánico y unas escenas peores que las que vimos en la película “El día de la Independencia”.
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