«Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. Marco 7:21-23
Mario E. Fumero
El efecto directo de los frutos del egoísmo en la sociedad moderna se hace manifiesto a través de la injusticia y el abuso de autoridad existente, tanto en gobernantes, como en religiosos, los cuales se enseñorean de los de abajo, actuando no como siervos, sino como magnates, exigiendo incluso una reverencia o respeto que muchas veces se convierte en egolatría.
¿QUÉ ES EGOLATRÍA?
Depende desde la perspectiva que lo enfoqumos. Generalmente es una actitud de individuos que alardean de una confianza extrema en su propia capacidad, cayendo en la auto admiración y culto a su persona, hasta el punto en que está percepción se exagera, resaltando sus logros, títulos, hazañas y revelaciones. En el caso de los líderes religiosos, llevan a sus feligreses a tomarles como apóstoles y profetas, y en sus proclamaciones, se vuelvan infalibles e intolerante, ejerciendo la denominada «tiranía de los santos» y convirtiendo la iglesia en una empresa, donde exalta más lo material que lo vivencial. Muchas veces esta actitud ególatra llega al plano de patología clínica llamada “narcisismo”[1], causando problemas en las interacciones eclesial y social, ya que carecen del sentido bíblico de la humildad, la cual es un antídoto a este fenómeno, y es muy común en la gran mayoría de las iglesias cristianas.
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