Murió multimillonario a los 56 años, sin poder vencer el cáncer.
Sus últimas palabras dan mucho en qué pensar: “Al final, la riqueza es solo una parte de la vida a la que me acostumbré.
Acostado en esta cama y mirando hacia atrás, entiendo que toda la fama y el dinero que tuve no valen nada frente a la muerte. Cuídense y respeten a los demás.
Con los años uno se vuelve más sabio y se da cuenta de cosas simples: un reloj de 30 dólares y uno de 30 mil marcan la misma hora. Una cartera barata o una carísima igual guardan el dinero. Un coche de 10 mil o de 100 mil dólares igual te lleva del punto A al punto B. Y aunque tu casa tenga 40 o 400 metros cuadrados, la soledad se siente igual.
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