Por Katherine Matos de Alcántara
Imagina a un viajero perdido en un territorio desconocido, rodeado de desafíos y encrucijadas que le impiden encontrar su camino. La confusión y la incertidumbre nublan su mente, y cada paso parece llevarlo más lejos de su destino. ¿Ya? ¿Lo visualizas? Algo parecido le pasó a un joven en una caminata nocturna en la naturaleza, cuando perdió sus lentes y no podía distinguir absolutamente nada, ni señales del camino ni personas, hasta que al fondo un pequeña luz que se hizo más y más grande mientras caminaba hacia ella, fue la que le ayudó a llegar a su destino.
Sí, como acabas de leer, en medio de la densa oscuridad literalmente siguió la luz sin detenerse hasta llegar al punto final de su recorrido. Todos los testigos del hecho quedaron boquiabiertos de cómo lo logró cuando era prácticamente imposible, y pensando en esto me recordé del verso que dice: ¨Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino¨ (Salmo 119:105) Partiendo de esto podríamos decir que sin claridad es imposible caminar en este viaje llamado vida, nuestros pasos no son confiables mientras no tengamos una guía segura.











