LOS PERROS ESTARAN AFUERA -VII-

LOS PERROS EN LOS TIEMPOS DE LOS APOSTOLES

Vicente Quiñones Aponte

“Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde.” (Hechos 4:1-3)

Para el tiempo de los apóstoles de Jesucristo los religiosos continuaron con la persecución a las enseñanzas de Jesucristo. Según el libro de los Hechos en una ocasión en que Pedro y Juan enseñaban les aconteció lo siguiente: “Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil. Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; y poniéndoles en medio, les  preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?” (Hechos 4:1-7).

Una vez más, movidos por envidia y celos, los religiosos persiguen a Jesucristo y su iglesia. Luego que los arrestaran Pedro habló y les explicó lo que estaba ocurriendo. Pedro les explicó que en el nombre de Jesús hay autoridad para salvar y sanar, les recordó lo que ellos habían hecho con Jesús cuando lo desecharon y que la salvación no estaba en su religión sino sólo en Cristo Jesús (Hechos 4:8-12). Ellos, endurecidos de corazón, solo planearon cómo salir de la situación pues la señal del paralítico sanado era de conocimiento público y no podían negarla. Sin embargo, ni aun así creyeron (Hechos 4:13-22). En los versos del 12 al 16 del capítulo 5 del libro de los Hechos se relata lo que bien pudo haber sido el pico o punto más alto del avivamiento al comienzo de la iglesia primitiva. Por mano de los apóstoles eran hechas grandes señales, sanidades y milagros al punto de que los creyentes confiaban en que con  tan solo la sombra de Pedro los enfermos serían sanados. Esto trajo como consecuencia la reacción del enemigo por medio de los religiosos: “Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública” (Hechos 5:17-18). Una vez más los religiosos son usados por Satanás para perseguir la Iglesia de Cristo. El caso de Esteban fue un caso de persecución extrema. ¿Por qué Esteban fue perseguido con tanta ira? Veamos que dice el relato: “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba” (Hechos 6:8-10).

Los religiosos están tan ciegos con sus creencias que permiten que la envidia, el egoísmo y otras malas motivaciones dominen o paralicen su razón. No podían negar las señales que Dios hacía confirmando la Palabra en la boca de Esteban; no podían competir con la sabiduría que Esteban recibía de Dios. Entonces su orgullo y egoísmo los movió a la maldad y sus corazones se abrieron para que Satanás los envenenara con instintos homicidas. (“Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y  arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio. Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley; pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés” Hechos 6:11-14). Aún habiendo sido arrestado, el Señor dio denuedo a Esteban para que testificase de El y redarguyese a sus acusadores: “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis” (Hechos 7:51-53).

Pero ellos, endurecidos de corazón, no se arrepintieron sino que se enfurecieron aún más (“Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él” Hechos 7:54). Aún ante tal oposición Esteban continuó testificando, lo que le costó la vida a manos de los religiosos, los “perros” que no conocen a Dios (“y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió” (Hechos 7:56-60).

Esteban, con perdón y misericordia incluso contra los que lo atropellaban y mataban, actuó conforme al Espíritu que estaba en él, el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo. Los religiosos y “perros” actuaron conforme al espíritu que los guía  y domina, el espíritu de homicidio, el espíritu de Satanás. La historia de Esteban se ha repetido en miles de ocasiones donde muchos inocentes han muerto por el simple hecho de no creer igual que los religiosos dominantes de la época.

El celo religioso y la sinceridad no nos eximen del error. Este fue el caso de Saulo de Tarso, quien luego fue conocido como el apóstol Pablo. Pablo, cegado por su celo religioso y de las tradiciones, perseguía a los seguidores de Jesucristo con el propósito de encarcelarlos (“Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel” Hechos 8:3) y consentía y animaba la persecución hasta el extremo de la muerte que fue el caso antes relatado del diácono Esteban (Hechos 6 y 7). Es interesante notar que inmediatamente luego de la conversión de Saulo a Jesucristo (Hechos 9:1-6) los judíos comenzaron a perseguirlo a él (“Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo. Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle” Hechos 9:22-23). Aun hoy en día algunos religiosos defienden sus tradiciones y dogmas hasta la muerte, como si Dios no pudiera defenderse a sí mismo y a su palabra. Saulo, que más tarde fue conocido como Pablo, fue perseguido por los judíos religiosos en múltiples ocasiones. El capítulo 17 del libro de los Hechos narra una de éstas: “Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo. Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas. Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús” (Hechos 17:1-7).

El pasaje revela una vez más que la motivación de los judíos para perseguir a Pablo era los celos. Por lo mismo que  persiguieron a Jesús y a los otros apóstoles. La Biblia nos enseña que los celos son obra de la carne (Gálatas 5:20) y los religiosos que no pueden ser guiados por el Espíritu Santo (pues no lo tienen), son movidos por sus deseos e impulsos carnales, los cuales pueden llegar a ser influenciados por Satanás.

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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