HUELE A OVEJA

JERAMIE RINNE del Libro Ancianos de la Iglesia

pastor tarea«Así que esta iglesia es como tu negocio, estás encargado de las ventas, y Dios es el producto». Estas fueron las palabras de una visita mientras estábamos en la entrada de la iglesia después de la reunión. (¡Ojalá tuviera un registro de todas las conversaciones extrañas postsermón que he tenido a la salida de la iglesia!).

«No, no es así», contesté. El hombre solamente estaba tratando de entender la iglesia basándose en sus experiencias. Aparentemente sabía acerca de los negocios y las ventas, de modo que intentó interpretar la iglesia a partir de lo que sabía. Desafortunadamente, los nuevos en las iglesias no son los únicos que cometen este error. Los pastores, los ancianos y los miembros a menudo interpretan erróneamente la iglesia desde su perspectiva de los negocios y las organizaciones. De acuerdo, las iglesias tienen aspectos relacionados con los negocios.

A menudo se utilizan contables y presupuestos financieros, empleados y políticas de personal, instalaciones y seguros, diagramas de flujo y me- 36 tas, estatutos y comités. Esto forma parte de la vida de una congregación y debe gestionarse bien para la gloria de Dios. Una iglesia local es un organismo organizado. El problema surge cuando estos elementos administrativos se convierten en un modelo de negocio integral para la congregación, ignorándose la enseñanza bí blica. Este modelo podría ser algo así:

  • Pastor = Presidente/Gerente
  • Personal = Vicepresidentes
  • Miembros = Accionistas/clientes fieles
  • Visitas = Clientes potenciales Y, ¿cuál es el papel de los ancianos?
  • Ancianos = Consejo de administración

En este modelo, el trabajo de los ancianos es similar al de los miembros de un consejo de administración. Contratan al pastor —o a los pastores— para que haga y dirija la labor del ministerio. Los ancianos entonces hacen reuniones del consejo para evaluar el ministerio, revisar las finanzas, y establecer las políticas. Los pastores proponen nuevas iniciativas y los ancianos las aprueban o las rechazan. Los pastores ministran y los ancianos dirigen. Huele a oveja 37 Este modelo falla al no incorporar una verdad biblica clave: los ancianos también son pastores.

ANCIANO = PASTOR

De alguna forma, en alguna parte del camino, hemos diferenciado entre pastores y ancianos, entre los profesionales pagados del ministerio y los administradores no pagados. Sin embargo, el Nuevo Testamento no hace tal distinción.

¿Qué es un pastor al fin y al cabo? «Pastor» proviene de la palabra griega poimen. Poimen se puede referir a un pastor literal, como los que estaban en los campos en el nacimiento de Jesús, según Lucas. Sin embargo, poimen se refiere mucho más a menudo a Jesús, nuestro Buen Pastor. También existe un verbo relacionado, poimaino, que significa «pastorear» o «cuidar un rebaño». Así que un pastor es alguien que cuida ovejas, y pastorear significa velar por el rebaño.

Esta parte es fundamental: el Nuevo Testamento aplica estas formas nominales y verbales de «pastor», así como las imágenes de alguien que cuida un rebaño, para describir a los ancianos y su trabajo. Observa los siguientes versículos, en los cuales he enfatizado las palabras donde poimaino y poimen son traducidas al español.

Pablo advierte a los ancianos en la iglesia de Éfeso: Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (Hch. 20:28)

De manera similar, Pedro escribe: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria”. (1 P. 5:1-4)

Las palabras de Pedro nos recuerdan lo que Jesús le dijo después de la resurrección: «Apacienta mis corderos» y «Pastorea mis ovejas» (Jn. 21:15, 16). Y, ¿qué de aquellos que Jesús dio como dones a su iglesia? Pablo lista a los apóstoles, profetas, evangelistas, y entonces a los «pastores y maestros» (Ef. 4:11). La gramática griega deja claro que «pastor» y «maestro» van juntos para describir un oficio o rol. De manera que los pastores de la iglesia son también sus maestros. Y, como ya hemos visto, la enseñanza está en el centro del oficio del anciano.

LA REALIDAD DEL ASUNTO

Un amigo mío que sirvió como anciano laico, me dijo: «Una de las cosas más difíciles acerca de ser anciano fue creer que era un pastor de verdad». Pero la Biblia no podría ser más clara. Si eres un anciano en tu iglesia, eres un pastor genuino, tanto como lo es el pastor pagado. Quizá todavía tengas dudas. ¿Acaso no hay diferencias entre los hombres «especiales» que sirven como pastores pagados por sus carreras y los hombres «comunes» que tienen otros trabajos siendo ancianos voluntarios? Sí, hay diferencias. Por ejemplo, los pastores que reciben salario a menudo tienen más educación teológica formal, más tiempo durante la semana para servir y, por tanto, más experiencia en el pastorado, en el ministerio de la iglesia y en la enseñanza. También es posible —aunque no siempre es el caso— que los pastores pagados tengan dones más desarrollados de cuidado pastoral o predicación, por lo cual las iglesias los contratan para ministrar a tiempo completo. Sin embargo, aunque un pastor pagado pueda tener más disponibilidad, educación, o dones, no hay motivos lógicos —ni bíblicos— para concluir que un anciano laico sea menos que un verdadero pastor. Los bomberos voluntarios se enfrentan a las mismas llamas que los bomberos pagados. Igualmente, los ancianos voluntarios enfrentan los mismos retos del pastorado que afrontan los pastores contratados. Los ancianos laicos pueden honrar a los pastores vocacionales como «primeros entre iguales»,1 pero los ancianos laicos son, aun así, iguales.

UN MODELO REVOLUCIONARIO

A la luz de todo esto, si tuviésemos que resumir la labor de un anciano, podríamos decir simplemente: «Pastorea el rebaño». Si solo vas a recordar una cosa de este libro, que sea esta: los ancianos son pastores y su principal trabajo es cuidar a los miembros de la iglesia como los pastores cuidan a sus ovejas. Para ser más precisos, los ancianos son pastores delegados que sirven al Buen Pastor guiando a sus ovejas. Entonces, ¿qué implica «pastorear»? ¿Qué significa en la realidad? En los próximos capítulos examinaremos las diversas dimensiones del pastorado. Hablaremos de cosas como la enseñanza, el liderazgo y la oración. Pero antes de examinar el «cómo» de la labor pastoral, debemos explorar dos implicaciones generales del modelo del anciano como pastor. Captar de verdad que los ancianos son pastores, no solo administradores en una organización sin fines de lucro, podría revolucionar nuestro ministerio de ancianos por lo menos de dos maneras principales.

HUELE A OVEJA

La primera implicación revolucionaria del modelo que entiende los ancianos como pastores es que los ancianos deben implicarse en relaciones con los miembros de la iglesia. Huele a oveja. Detente por un momento e imagina literalmente un pastor de ovejas. Tal vez hayas visto alguno trabajando en el campo, ya sea en persona o en una película. Quizá nunca hayas visto uno, pero has leído suficiente sobre los pastores en la Biblia, por lo que puedes hacerte una imagen mental. ¿Qué ves? ¿Visualizas a un granjero irlandés dirigiendo su rebaño por un frondoso pasto verde? Tal vez te imaginas a un beduino con un cayado guiando a un cordero. O quizá recites el Salmo 23 y visualices a un pastor haciendo que sus ovejas se recuesten en pastos verdes y beban en aguas calmadas. Sea lo que sea que nos imaginemos, hay por lo menos una característica común en nuestras imágenes mentales.

En todas ellas, el pastor está en medio de las ovejas. No está lejos en otro lugar. Camina en medio de los animales, los toca y les habla. El pastor las conoce porque vive con ellas. Como resultado, huele a oveja. Tal vez, en lugar de visualizar pastores literales, simplemente piensa en Jesús.

En los Evangelios, encontramos a Jesús constantemente entre la gente. Exceptuando los periodos de oración privada, parece que Jesús pasó todo su tiempo con sus discípulos, además de con las multitudes. Tuvo contacto, enseñó y capacitó a las personas allí donde iba. El Buen Pastor no solo dio su vida por las ovejas, también dedicó su vida a estar con ellas. Así como los pastores literales viven en medio de sus rebaños y conocen a sus ovejas, y del mismo modo que Jesús se sumergió en relaciones con sus discípulos, así los ancianos comparten sus vidas con los miembros de la iglesia. Ven a las personas como su ministerio. En los próximos capítulos cubriremos varios componentes del trabajo de los ancianos, pero todos ellos suponen que los ancianos viven en una relación próxima a sus hermanos y hermanas. Tomemos un ejemplo por ahora: la hospitalidad.

Como vimos en el capítulo anterior, las dos listas de cualificaciones de los obispos de Pablo requieren que el hombre que desee el rol de anciano sea hospitalario (1 Ti. 3:2; Tit. 1:8). ¿Por qué este énfasis en la hospitalidad? La hospitalidad no solamente revela un corazón generoso y una actitud de siervo, sino que muestra que el aspirante a obispo quiere estar con las personas y busca maneras de recibir a otros en su vida. Si la iglesia nombra a un hombre como anciano, este debe ser hospitalario y debe querer estar con la gente. En contraste, los obispos que operan en un modelo de consejo de administración no necesitan estar con las personas. Pueden asistir a las reuniones mensuales, participar en los debates del consejo, dar su voto y, después, irse a su casa con un sentimiento de haber cumplido con su deber.

Cuando este modelo domina, los ancianos no tienen que ensuciarse las manos luchando con qué decir a un miembro de la iglesia que está desanimado por acumular catorce meses de desempleo, o a un hermano que está batallando con tentaciones de recaer en el consumo de heroína, o a una hermana que Huele a oveja 43 ha iniciado una relación seria de noviazgo con un hombre no creyente, sin ver problema en ello. Los ancianos pensarían: «¿No contratamos a un pastor para tratar estos líos?». Puede ser que hayáis contratado a un pastor teniendo en mente estas responsabilidades. Pero, si eres un anciano laico, es hora de que camines en medio del rebaño, junto con el personal pagado, y hagas tú mismo un poco de labor pastoral presencial con el corazón.

¡TENÉIS A LA PERSONA EQUIVOCADA!

¿Suena intimidante trabajar de esta manera con las personas? Posiblemente pienses: «No soy bueno tratando con la gente. Soy mejor con los números, los ordenadores o las herramientas de bricolaje. Soy introvertido. Hice un examen de personalidad que comprobó mi timidez.

Para ser honesto, soy bastante peculiar». No tienes que ser extrovertido o el alma de la fiesta para conectar con los miembros de tu iglesia. Solamente debes amarlos. Toma la iniciativa de comenzar una conversación, antes de la reunión, con esa viuda mayor, invita a cenar a una pareja que esté pasando por dificultades, o comienza un estudio bíblico e invita a aquellos miembros que estén menos conectados. Las personas reconocen el verdadero amor y la preocupación cuando la ven, aunque les llegue de forma tímida o un poco rara. El amor salta sobre todo tipo de obstáculos. Tal vez tengas otra duda al pensar sobre el ministerio pastoral entre los miembros de la iglesia.

Quizá temas no poder ayudar a las personas a resolver sus problemas y empeorar las cosas con intentos ineptos. No tienes un título en consejería ni formación en el seminario. ¿Quién eres tú para jugar a ser pastor? Para ser claro, no estoy sugiriendo que cualquiera que simplemente desee ser anciano esté calificado por ello. Estoy diciendo que aquellos hombres que están calificados no deberían descalificarse a sí mismos innecesariamente por temor a no poder resolver las luchas de la gente. Aquí presento algunos pensamientos breves en cuanto a tratar con personas que están enfrentando grandes problemas:

  • Dios estableció a los ancianos en su Palabra y sabe lo que está haciendo.
  • Jesús puede obrar a través de ti.
  • El pastorado no consiste principalmente en resolver los problemas de las personas (más sobre esto después).
  • Probablemente tengas más sabiduría bíblica para compartir de la que crees.
  • Siempre puedes pedir ayuda, a Jesús y a otros.

HACIENDO LA TRANSICIÓN LENTAMENTE

Hace unos treinta años, la iglesia bautista en la cual sirvo nombró a un presbiteriano como pastor principal. Era un expositor dotado que atrajo grandes multitudes e impactó a muchos con el evangelio. Pero hizo algo más que sigue siendo una bendición para nuestra iglesia, incluso años después de su partida: llevó a nuestra congregación a adoptar un modelo de gobierno de ancianos. Cuando llegué a la iglesia, habían tenido ancianos establecidos por más de una década. Sin embargo, cuando estudiamos el liderazgo bíblico más seriamente, quedó claro que los ancianos estábamos desequilibrados. Usábamos la mayor parte de nuestra energía actuando como administradores de la organización, y dedicábamos mucho menos tiempo a pastorear a la gente. Así que comenzamos a reenfocar lentamente nuestra atención hacia el pastoreo. Todavía tenemos nuestras reuniones mensuales y hacemos cosas de administradores.

Una vez más, estos componentes forman parte del papel de los ancianos y de la vida de la iglesia. Pero, a la vez, hemos estado intentando invertir más tiempo con los miembros de la iglesia. Por ejemplo, hace más de un año, dividimos nuestra creciente lista de miembros entre los ancianos y nos pusimos como meta contactar a cada miembro de nuestra lista por lo menos una vez durante el año. Fue un paso pequeño, pero correctivo. Ese pequeño paso dio fruto inmediato. Los miembros no solamente respondieron con gratitud, sino que estuvieron más dispuestos a abrir sus vidas a los ancianos. Los ancianos descubrieron que esta clase de ministerio pastoral es desafiante pero altamente gratificante. Además, recibí gran ayuda al tener un equipo más amplio que ayudaba a llevar la carga de una congregación creciente. Todavía tenemos un largo camino por recorrer. Pero nuestros ancianos huelen cada vez más a oveja.

¿CUÁL ES EL OBJETIVO?

Recapitulemos: los ancianos son pastores. La metáfora del pastoreo conlleva implicaciones significativas para el ministerio del anciano. Primero, sugiere que el trabajo del anciano tiene lugar principalmente en las relaciones con los miembros de la iglesia. La labor de los ancianos tiene que ver más con las personas que con los programas. Pero la imagen del pastor no solo nos dice dónde se desarrolla el trabajo de un anciano —esto es, en las relaciones— sino que también nos muestra el por qué. ¿Por qué deberían los ancianos pasar tiempo y compartir con los miembros? ¿Qué intentan lograr? ¿Es el objetivo simplemente proveer a la iglesia con una atmósfera más amigable y familiar? Aquí tenemos la segunda implicación revolucionaria del modelo de pastorado: los ancianos ministran con la meta de hacer crecer a los miembros de la iglesia en la madurez cristiana. Visualiza al pastor nuevamente.

Imagínatelo  rehalizando sus tareas diarias entre las ovejas: las alimenta, las lleva a través de un valle, las protege de animales salvajes, cura una pata infectada, o busca una oveja perdida. ¿Por qué hace el pastor estas cosas? ¿Cuál es su propósito o meta? Su meta es que sus ovejas sean maduras. El pastor se esfuerza día tras día para producir ovejas sanas, completamente desarrolladas, que se puedan reproducir. ¿No tienen los ancianos una meta similar?

Los ancianos trabajan duro en las relaciones con los miembros de la iglesia para ayudarles a crecer en Jesús. Los obispos enseñan, oran y sirven para que sus hermanos y hermanas puedan conocer a Jesús más íntimamente, le obedezcan más fielmente y reflejen su carácter más claramente, como individuos y como familia de iglesia. Además, los creyentes saludables y maduros se reproducen espiritualmente cuando comparten el evangelio con otros y les ayudan a crecer en Cristo. Pablo menciona explícitamente la madurez como el objetivo del ministerio pastoral: Y él mismo [Jesús] constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. (Ef. 4:11-13)

Cuando los ancianos cumplen sus responsabilidades bien, los creyentes dejan de ser «niños fluctuantes» y se convierten en personas que crecen «en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo» (vv. 14-15). Los ancianos deberían esforzarse para decir con Pablo, «a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre» (Col. 1:28). GESTIONANDO LA MAQUINARIA

Contrasta de nuevo esta mentalidad de pastorado con el modelo del consejo de administración. Cuando los ancianos se ven a sí mismos principalmente como miembros de un consejo de administración, perciben que su propósito es gestionar los elementos organizativos de la iglesia. El «éxito» significa tener las cuentas en números positivos, mantener las instalaciones y promover buenos programas y eventos. Los ancianos «gestores» son tentados a enfatizar la administración de la maquinaria antes de la madurez de los miembros. Ya hemos mencionado que la infraestructura organizativa de una iglesia —sus presupuestos, procesos, programas, instalaciones y personal— sí importa.

Una administración efectiva es un ministerio y un don espiritual en sí mismo, que sirve a todo el cuerpo de Cristo y libera a los ancianos para pastorear. Un poco de reflexión organizativa potenció a Moisés en el Antiguo Testamento y a los apóstoles en el Nuevo Testamento para cumplir con sus llamados, y el pueblo de Dios fue bendecido como resultado (Éx. 18:13-27; Hch. 6:1-7). E incluso como pastores relacionales, los ancianos tienen la responsabilidad global de supervisar la infraestructura organizativa de la iglesia. Pero aquí está la clave: la organización debe servir siempre al organismo. Idealmente, los programas y los procesos deben servir como herramientas para cumplir la misión de hacernos madurar unos a otros en Cristo.

Mi experiencia ha sido que los ancianos fácilmente gravitan hacia la maquinaria en lugar de atender a los miembros, priorizan el enrejado en lugar de la vid,2 dedicando más conversaciones y esfuerzos a ajustar la logística que a trabajar en el desarrollo de las personas. ¿Por qué pasa esto? No estoy completamente seguro. Quizá sea porque los programas y las políticas son cosas manejables que pueden ser planeadas y logradas, mientras que la labor de ayudar a la gente a crecer en Cristo es difícil, algo no lineal, y lento. De hecho, pastorear a las personas es una tarea que nunca completaremos plenamente en esta vida y que no podremos controlar. Los ancianos deben resistir el error de convertirse en meros gestores organizativos y, en su lugar, mantener la brújula congregacional apuntando hacia la madurez en Jesús.

Para ayudar en esto, incluye una pregunta o dos como estas en la próxima agenda

  • ¿De qué maneras está nuestra congregación reflejando a Jesús? ¿De qué maneras no le estamos reflejando
  • ¿Hay conflictos sin resolver en la iglesia en los que los ancianos podríamos intentar facilitar una reconciliación?
  • ¿Sabemos de algunos miembros de nuestra iglesia que hayan caído en algún pecado flagrante o que simplemente se hayan alejado de la comunión regular de la iglesia? ¿Quién está hablando con ellos?
  • ¿Qué libros bíblicos o doctrinas teológicas necesitan estudiar nuestros miembros el próximo año? ¿Por qué?
  • ¿Saben nuestros miembros cómo evangelizar y discipular a otros? ¿Lo están haciendo?
  • ¿Somos una iglesia de oración? PASANDO EL MANTO Jesús, antes de ascender al cielo, dio estas instrucciones finales a sus seguidores: Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. (Mt. 28:19-20) Jesús les dijo a sus discípulos que hicieran con otros lo que él había hecho con ellos en los años anteriores. Él reunió a sus discípulos, los identificó, y les hizo crecer enseñándoles sus mandamientos.

El Buen Pastor no solo dio su vida por las ovejas, sino que vivió con ellas y las transformó. Jesús hizo discípulos: personas que le amaron, le obedecieron y que hablaron a otros acerca de él. Jesús envió a esos discípulos a hacer discípulos. Los apóstoles tomarían el manto del pastoreo de Jesús y llamarían a más discípulos de Cristo, reuniéndolos en iglesias y ayudándoles a crecer mediante la enseñanza. Tras haber establecido esas congregaciones locales de discípulos, los apóstoles también pasaron el manto del pastoreo relacional centrado en alcanzar la madurez. ¿A quién se lo pasaron? ¡A los ancianos de la iglesia!

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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