EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL -2-

La coherencia de la vida cristiana

Mario E.  Fumero

Uno de los grandes males del cristianismo moderno es el doble discurso, el cual se vuelve contra lo que decimos o enseñamos. ¿A qué denomino doble discurso? A la contradicción entre lo que enseñamos y lo que vivimos y hacemos. Ésta actitud de “no vivir lo que predicamos” le podemos denominar incoherencia aunque Jesús le llamó hipocresía (Mateo 23:14, 15,23). Tristemente cuando proclamamos el evangelio de Jesucristo, la gente va a tomar lo que decimos, para juzgar nuestra conducta, porque por nuestras palabras seremos juzgados. Es por ello que el apóstol Pablo exhorta a los Corintios a ser cartas escritas, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo (2 Corintios 3:2-3). ¿Qué quiere decir el apóstol? Que tenemos que encarnar en nosotros la Palabra revelada. Que debemos tener coherencia entre lo que predicamos y lo que vivimos.

Santiago habla de la coherencia en la vida cristiana, cuando hace alusión en su epístola a que debemos ser hacedores, y no solamente oidores de la Palabra (Santiago 1:22). No podemos hablar de humildad, cuando somos soberbios. No podemos hablar de sencillez cuando somos ostentosos. No podemos hablar de entrega, cuando vivimos dentro de nuestros propios caprichos y bienestar. A la hora de predicar una verdad, debemos de examinarnos y preguntarnos ¿estoy viviendo lo que estoy predicando?

Una de las causas de la decadencia del cristianismo moderno radica en el hecho de que los supuestos ministros del evangelio no viven coherentemente con lo que enseña las Sagradas Escrituras. Tristemente y para justificar lo injustificable, echan manos de ciertos textos bíblicos para manosearlos y hacerle decide a la Biblia, lo que está no enseña. Debido a tales actitudes, se han creado doctrinas heréticas que condenan la pobreza y exaltan la riqueza, dando lugar a la mal llamada “teología de la prosperidad” que más bien es la teología de la codicia. Esta teología condena la sencillez, para proclamar la exaltación, creando una jerarquía apostólica que vive ostentosamente. La ambición y la presunción se han adueñado de muchos llamados apóstoles que son más empresarios, que siervos en el sentido literal de la palabra[1]. Jesús expuso claramente en concepto de “siervo” dentro del principio del discipulado cristiano (Lucas17:7-10). Estos falsos obreros (Filipense: 3:2), que pululan por todas partes, han traído descrédito y escarnio a los que honestamente queremos proclamar la sana doctrina y vivir conforme a los parámetros bíblicos.

¿Tenemos derecho a juzgar a nuestros líderes a la luz de las Sagradas Escrituras? ¡Claro que sí! porque si no lo hacemos nosotros, lo hará el mundo para escarnio de la iglesia. Cuántas burlas, vituperios y descréditos estamos sufriendo en la actualidad por aquellos que actúan incorrectamente, evidenciando con sus hechos un evangelio contrario al enseñado por Jesús y sus apóstoles. Estos malos obreros son manchas nuestros ágapes (Judas 1:12), que viven buscando bienestar, reconocimiento y los placeres terrenales (Filipenses 3:19), actuando más como magnates del evangelio, que como pastores humildes, dispuestos a dar la vida por sus ovejas (Juan 19:11) y que solo viven para sus propios vientres (Filipenses 3:19).

Es un deber el poder discernir la conducta moral y doctrinal de nuestros líderes religiosos. El apóstol Pablo le recomendó a su hijo Timoteo que tenga cuidado de su conducta y doctrina (1 Timoteo 4:16), no sólo de los de adentro, los de la casa, sino también de los de afuera, haciendo referencia al mundo, para no caer en descrédito y lazos del diablo (1 Timoteo 3:7), ya que tenemos una gran nube de testigos que nos están observando (Hebreos 12:1). Como siervo de Jesucristo debemos marcar la diferencia, comportarnos a la altura de las demandas del Señor. No podemos evadir nuestra responsabilidad del testimonio cristiano diciéndole a los hermanos, “no me miren a mí, mira a Cristo”. Esta expresión, muy común para evadir nuestra responsabilidad testimonial, no se encuentra registrada en ninguna parte de la Biblia, sino que al contrario, Jesús nos ordenó actual como él lo hizo, diciéndole a sus discípulos que ejemplo les había dado, para que ellos adoptaran en sus vida su modelo de conducta en el diario vivir (Juan 13:15). El apóstol Juan se hizo eco de esta enseñanza, y en una de sus epístolas escribe que; “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” 1 Juan 2:6. Mientras que el apóstol Pablo ordena a sus discípulos que sean imitadores de él, como él lo es de Cristo, y que miren a los que así se conducen, por lo que establece el criterio de que podemos juzgar a nuestros pastores, líderes o sacerdotes (Filipenses 3:17) no sólo en lo que hacen, sino en lo que dice.

¿Debemos examinar nuestras vidas de acuerdo a la Palabras de Dios? Es un deber hacerlo. Todos los seguidor de Jesucristo están obligados a probarse a sí mismo, y examinar sus vidas de acuerdo a las enseñanzas (1 Corintios 11:28). Se nos manda a que debemos probarnos a nosotros mismo, examinando nuestra conducta y enseñanza, para estar seguro de que no somos reprobados en nuestra fe (2 Corintios 13:5). No hay nada más terrible que uno llamándose siervo de Dios, sea reprobado por la gente, porque aunque hablemos lindo y prediquemos elocuentemente, si nuestros mensajes no es respaldado por lo que vivimos y obramos, no conocemos a Dios (Tito 1:16), y estamos doblemente condenados, porque conociendo la Palabra, no la ponemos por obra, y a mayor conocimiento, mayor culpa (Lucas 12:48).

Como siervos de Jesucristo ¿estaríamos dispuestos a confrontar nuestra conducta y testimonio con nuestros vecinos y nuestra iglesia, para que puedan expresar lo que piensan de nosotros? Jesucristo, siendo el maestro, nos dio ejemplo. En una ocasión llamó a sus discípulos y le formuló dos simples preguntas. La primera era hacia afuera, o sea, se examinó en relación lo que otros pensaban de él, y pregunto: “¿Quién dicen los hombres que es el hijo del hombre?”, y después de escuchar diversas opiniones, formuló la segunda pregunta, quizás la más candente: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Fue allí cuando Simón Pedro reconocido que era el Cristo, el hijo del Dios viviente (Mateo 16:13-16).  ¿No son estas preguntas un acto de auto-examen a nuestro testimonio? ¿Qué piensan nuestras familias de nosotros, como ministros y siervos de Jesucristo? y ¿qué piensan nuestros vecinos, amigos, conocidos de nosotros? Esa respuesta a estas dos preguntas es trascendental para poder evaluar si en realidad vivimos y somos siervos de Jesucristo.

La Biblia nos enseña que nosotros vamos a juzgar al mundo (1 Corintios 6:2), y si vamos a juzgar al mundo, ¿cuánto más tenemos que aprender juzgar a los que están con nosotros, de acuerdo a los parámetros establecidos por las enseñanzas de Jesucristo? No importa el título que tengamos, ni el conocimiento que alcancemos, ni lo religioso que seamos, todos seremos juzgados, tanto por el mundo que evaluará nuestros frutos (Mateo 7:16), como  delante del tribunal de Jesucristo para recompensa (Romanos 14:10), y si nos condenáramos, seriamos juzgados en el juicio ante el Gran Trono Blanco (Apocalipsis 20:11-15), por lo tanto, debemos de andar con temor y temblor, cuidando nuestra conducta, para no caer en descrédito y vivir una vida contradictoria e incoherente con el mensaje que proclamamos.

[1] La real academia Española establece que siervo es: 1. s. Persona que no tiene libertad por estar bajo el dominio de otra. esclavo 2. Persona mandada con despotismo por otra o sometida a ella por entero. esclavo 3formal Denominación que una persona se da a sí misma para mostrar adhesión y ren-dimiento a otra.

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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2 respuestas a EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL -2-

  1. Cassulo Ramon Nicolas dijo:

    Excelente me lo permito compartir.
    Gracia y paz .Amen.

  2. Frank Latimer dijo:

    QUIERO….Y NO PUEDO …NI LLEGO A LA CUARTA PARTE.Y les doy mi palabra que es lo único que intento en mi vida …y con todas mis fuerzas ….pero no hay manera de dar la talla .
    no me siento acusado …simplemente lúcido y firme en la gracia .

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