LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -5-

Mario E. Fumero

EL GOBIERNO DE DIOS

Tomado del libro de Mario E. Fumero

La Democracia es el sistema de gobierno en el cual el poder está en la mayoría que manda, aunque por escuchar a la mayoría, muchos jueces y reyes de Israel perdieron la bendición de Dios y cayeron en la esclavitud. No siempre la asamblea tiene la razón, pues desgraciadamente, en la mayoría hay carnalidad y capricho. A veces actúan contraria-mente a la verdad, influenciados por algunos “listos” que con filosofías huecas, “le comen el cerebro” para llevarlos por caminos torcidos, hacia el caos y la destrucción. No podemos negar que la democracia es hermosa cuando hay madurez y educación para vivir en ella, pero cuando reina la ignorancia, inmadurez y descontrol, se convierte en el medio más apto para el libertinaje y la corrupción. Por lo tanto, no podemos basar todo el gobierno de Dios en una democracia absoluta.

LA TEOCRACIA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Dios, al establecer el gobierno de su pueblo no tomó en cuenta la opinión del hombre. El conocía las debilidades humanas. A él no le importaba lo que el hombre pensara o quisiera como carnal y pecador. El tenía su plan para restaurar la naturaleza viciada. A Dios le importa la necesidad del hombre, mayormente espiritual, y por ello resuelve crear una forma de vida mediante la cual se redimiera, para que se sometiera voluntariamente a su señorío, formando un pueblo bajo el mandato de su hijo amado, Jesús.

Dios llama a Moisés, y en el monte Sinaí le entrega las leyes para que su pueblo, libertado de la esclavitud humana, viviese bajo el dominio del Todopoderoso. Es ahí donde se forma la TEOCRACIA; el gobierno de Dios a través de leyes y líderes establecidos por él mismo.

Una vez en la tierra prometida, Josué sustituye a Moisés, y se establece la etapa de los jueces. Recordemos que Moisés, aunque hacía cumplir las leyes de Jehová, no tenía el poder en sus manos. Él había organizado al pueblo poniendo ancianos que lo ayudasen a gobernar.  Estableció un sistema similar al discipulado cristiano. Puso líderes sobre diez, los cincuenta, cien, y mil. Con Josué nace el período de los Jueces. Estos eran juzgadores y voceros de Dios, que guiarían al pueblo bajo las leyes y normas establecidas.

Hubieron muchos jueces, algunos de ellos fallaron, pero; ¿qué hacía Dios cuando sus líderes fracasaban en la teocracia? Los eliminaba y ponía a otros, pues todos, incluso el líder, tenían que vivir bajo su gobierno. Dios no acepta el soborno, ni tolera el abuso de autoridad. Él era el Rey de su pueblo, y sus líderes obedecían sus mandatos. El mismo Moisés no pudo poseer la tierra prometida al desobedecerle, ya que en vez de hablarle a la peña, la golpeó, confiando más en su fuerza que en la Palabra dada por Dios (Números 20:8-13)[1].

Después encontramos el hecho de que el pueblo reclama un Rey, rechazando el gobierno de los jueces, por lo que cada uno hacía lo que mejor le parecía, (Jueces 21:25). Este anarquismo continuó, y nació el deseo de imitar a los otros pueblos, llegando a cometer un tremendo disparate, que es lo que nosotros llamamos “petición democrática”.

Fueron delante de Samuel a pedirle que le dieran “un rey” como los otros pueblos. A Samuel no le gustó esta petición, pero consultó al “Jefe”, <JEHOVÁ>[2] (Versos 6-7). El pueblo estaba desechando el reinado de Dios por medio de los jueces, para poner un rey humano, y establecer una monarquía humana que se adaptara a la teocracia divina. Dios le hizo ver al pueblo, por medio de Samuel, las consecuencias de esto (versos 11 al 18), pero frente a la insistencia del mismo (versos 19), aceptó complacer el deseo de la mayoría, aunque sabía que esto les llevaría al fracaso, pero les dejó comprobar que fuera de su Señorío, no puede haber un verdadero reinado.

Se nombró a Saúl como primer rey, pero éste, dejándose llevar por la voz del pueblo, y no la de Dios, cometió serios errores (1 Samuel cap. 15). Dios lo desechó debido a su desobediencia, y puso en su lugar a David. Notemos que pese a que habían reyes, Dios todavía intervenía cuando sus siervos no hacían lo que Él había determinado. Muchas ve-ces desechó a aquellos reyes que se apartaban de su Palabra, entregándolos a fracasos y cautiverios. En la teocracia, Dios gobierna con mano fuerte, gústele o no al hombre. Tenían que hacer lo que Él ordenaba, no había otra alternativa.

La teocracia divina es un gobierno firme, aunque en el mismo se respeta el derecho de elección del hombre. Algunos afirman que era una dictadura. La palabra “dictadura” significa “gobierno por la fuerza“, pero el gobierno de Dios se diferencia de la dictadura en que el hombre se puede rebelar contra Él, y romper las reglas del juego, estableciendo otros criterios, como hizo el mismo pueblo de Israel a lo largo de su historia, cuando desechó a los jueces, para pedir rey.

Dios actúa en su soberanía, no discute con nadie sus pautas. Él ordena, esperando que su pueblo obedezca, no espera órdenes nuestras para actuar. Siempre el hombre juzga y opina mirando la apariencia, lo que hay fuera, pero Dios va mucho más lejos. Fue por ello que a Samuel le pareció que cualquier otro hijo de Isaí podría ser rey, mirando lo fuerte y grande de su físico, pero Dios le muestra que no es lo hermoso de su parecer, pues Dios mira lo que el hombre no ve, lo más recóndito del corazón y los pensamientos.[3] ¿Qué somos nosotros para decirle a Dios lo que tenemos que hacer?

Nuestro deber dentro de esta teocracia es obedecerle. El habla y apela a la obediencia, a la sujeción voluntaria. Cuando el hombre impone por la fuerza sus leyes y caprichos, crea una dictadura impositiva y coactiva, de la cual no hay cómo escaparse, sin embargo, Dios nos somete a su teocracia apelando a nuestra voluntad, humildad y sujeción. Uno es libre de aceptar su dominio o rebelarse. Vivir bajo el reino de Dios es algo que no se impone, sino que se escoge y acepta. Dios al hablarle a Moisés le dijo: “...si mi pueblo hiciera lo que yo les mando, yo seré Jehová, los cuidaré, os bendeciré, les daré larga vida...“.  Deuteronomio 4:6, 11:22, 17:19, 29:9.

Encontramos continuamente la promesa divina de protección. Si somos fieles a sus mandatos seremos bendecidos y protegidos bajó su abrigo (Salmo 91:1). Nunca vemos a Dios imponiéndole al hombre sus deseos, aunque él lucha con la naturaleza humana, deja al hombre que tome la decisión de “servirle o dejarle”. El mismo Josué exclamó:

Mirad a qué dioses vais a servir, pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

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[1] -Bibliografia: “Calvin´s Commentaries” John Calvin. Baker Book House, Gran Rapids.

[2] -Revisar el relato en 1 Samuel capítulo 8. De aquí en adelante aparecerán los versos de dicho capítulo.

 [3]- 1 Samuel 8:1-22,  16:7.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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