LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -6-

Mario E. Fumero

LA TEOCRACIA EN EL NUEVO TESTAMENTO

Tomado del libro de Mario E. Fumero

En el Nuevo Testamento se estableció las bases de un gobierno similar al pueblo judío. En la iglesia la teocracia se hace real y visible a través de un ministerio más amplio, que incluye la redención y la dirección permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente.

Dios constituye a Jesús como Rey y Señor (se le llamaba el KYRIOS). Jesús proclama un REINO y todos aquellos que quieran entrar al mismo deben confesarle y aceptarle como Señor, sometiéndose totalmente a su voluntad.

La iglesia es un gobierno teocrático, en donde Cristo reina y gobierna a su pueblo por medio de su Palabra, y con la intervención permanente del Espíritu Santo. No vamos a gobernar su iglesia de acuerdo a las opiniones humanas, o al capricho de algunos líderes, que actúan como dueños de la iglesia. Para el Señor, nuestras opiniones son nada, ya que lo que tenemos que hacer, decir y vivir, está revelado por Jesús y sus apóstoles en su Palabra, y sobre ese fundamento debemos edificar la iglesia: “Edificaos sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismoEfesios 2:20.

En el Nuevo Testamento tenemos dos formas en que Jesús gobierna a su pueblo, y no entiendo por qué tantas personas se confunden, y andan de una teoría a otra, bus-cando luz acerca de cómo gobernar la iglesia, cuando el Señor nos dejó las pautas para lograr este fin bajo su reinado, sin caer en una jerarquización, caciquismo o anarquismo espiritual.

DOS FORMAS DE GOBIERNO DIVINO EN LA IGLESIA

Tenemos dos formas de vivir en teocracia:

    La primera; está en la Palabra de Dios; los Evangelios, los Hechos y las Epístolas. En ellos encontramos la revelación divina para ser verdaderos discípulos, y formar en nuestras vidas un carácter, una disciplina y una forma de estar en comunidad. El Señor enseña a sus discípulos, y éstos a su vez a los que después vinieron, lo que es una vida sometida a su Señorío (la renunciación al ego). Debemos hacer memoria que el llamamiento bíblico no era “¿Quién levanta la mano para aceptar a Cristo?”, sino que el que quiera ser su discípulo: “Niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame (Mateo 16:24).

Él les formó y les enseñó bajo disciplina y obediencia la imperiosa necesidad de una renunciación y aceptación de su voluntad sobre la nuestra. Sus llamamientos fueron precisos y radicales, como hizo con Mateo (Mateo 9:9).

En la vida cristiana tenemos que aceptar el mandato de Cristo, nos guste o no. Es una actitud por la cual me sujeto de forma voluntaria, a su señorío, y el que quiera ser cristiano tiene que estar dispuesto a someterse. Este es el mensaje evangélico: El que cree en mí será salvo y el que no cree será condenado”:

No hay punto intermedio (Mateo 9:9-10, Juan 3:18, Marco 16:16). Cada líder, cada ministro y cada discípulo tienen que hacer girar todas las cosas sobre las demandas de Cristo, cuya cabeza que rige todo. Como ministros tenemos que hacer cumplir esta “teocracia cristocéntrica”. Nuestros discípulos deben aceptar, sin excusa, y acatar las órdenes de Jesús, y tenemos que imponer la Palabra para que la vivan y la cumplan[1].

En Mateo se ordena que después que hagan discípulos, se les enseñe a guardar (vivan o adopten como modelo de conducta) todas las cosas que Él nos ha mandado, porque la meta del cristiano es hacer todo lo que el Señor ordena, sólo así seremos verdaderos discípulos. (Mateo 28:20, Santiago 1:21-22).

Debemos enseñar, hablar y revelar lo aprendido con nuestra vida. Si no se logra esto, hay que exhortar y reprender, y, por último, disciplinar o desechar (Tito 2:3, 3:16). El fin del gobierno de Dios es que vivamos todo lo que él ordena. Que entendamos qué es su teocracia, y voluntaria-mente nos sometamos a ella para ser hijos de Dios. En su reino, todas las pautas de vida y función las da el Señor.

Nadie, por más sabio que se crea, puede decir o contradecir lo establecido. Es ahí donde encontramos la importancia de ser humilde, manso y sencillo, porque sólo con estas virtudes podremos vivir bajo el reinado de Jesús. Cuando los cristianos no aceptan estas normas bíblicas de señorío, sujeción y humildad, se convierten en algo así como practicantes de “una religión más”, un grupo que sólo aparenta algo que en el fondo no tiene. No es “hacer lo que quiere y desea”, sino lo que Cristo manda, para que no nos reclamen de que; “cada cual busca lo suyo propio y no lo que es de Cristo” (Fil 2:21).

    La segunda forma en que se gobierna una iglesia es por medio del Espíritu Santo. Las verdades están escritas en la Palabra, pero la iluminación de estas verdades, y el poder para vivirlas, viene del Espíritu Santo.

Dice la Palabra que Él nos guía a toda verdad y justicia (Juan 18:13). El Espíritu obra, confirma y opera las verdades apostólicas, impartiendo dones y capacidades para que en familia, crezcamos y vivamos estas realidades. El Espíritu es el que manda, de acuerdo al orden bíblico, a los ministerios para que gobiernen la iglesia. Establece a aquellos que, como los jueces del Antiguo Testamento, dictan y cumplen las ordenanzas divinas dentro de la vida en la iglesia:

–Es el Espíritu Santo el que da vida (Juan 6:63).

–Es el Espíritu el que nos ubica, poniendo a cada miembro en el lugar que Dios desea (Hechos 13:2).

–Es el Espíritu el que da crecimiento, el que nos guía hacia aquellas verdades más necesarias (Juan 16:13), y que debemos enfocar con más énfasis dentro del diario quehacer en cada comunidad.

–Él es el que opera dones y milagros para revelar de esta forma el poder de Dios para salvación (1 Corintios 12:).

–Es el Espíritu el que ejecuta los llamamientos y revela la dirección que el ministro debe tomar (Hechos 10:19-20). –Es el Espíritu el que a veces nos impide hacer lo que queremos y nos cambia los planes (Hechos 16:4).

–Y es el Espíritu el que nos consuela en nuestras tribulaciones, permaneciendo para siempre, por eso se le llama “Parákleto” que es igual a consolador, (Juan 14:16 16:7-8).

EL ESPÍRITU Y LOS MINISTERIOS

La función principal de los ministerios es la de hacer cumplir la Palabra bajo la dirección del Espíritu. Él es el que comunica la voluntad de Dios a su pueblo, por medio del patrón bíblico, y a través de aquellos que son los ministerios de la iglesia y que guían al pueblo a buscar, sentir y vivir en Cristo.  Él constituye la iglesia en cuerpo, de la cual Cristo es la cabeza. Existen miembros que, en posición, son superiores a otros, pero, en función todos somos iguales, pues la cabeza es una, y los dones operan en todos sin distinción o privilegios. Es absurdo pensar que la iglesia pueda tener dos cabezas, o que todos los miembros dependan directamente de la cabeza[2], o que el Espíritu anule los ministerios para dar una dirección anárquica.

El principio del cuerpo con una CABEZA gobernándolo todo, es una monarquía, ya que aquellos que aceptan el llamado, se someten a “todas las cosas que Jesús manda“. Este impone las órdenes, pautas y funciones que debemos seguir, porque todo el cuerpo tiene relación en posición y unidad de función. Las órdenes van pasando y dirigiendo a todos hacia un fin común. Pablo expresa a los Filipenses 3:16 que debemos crecer en unidad; hasta que sintamos lo mismo y sigamos la misma regla.

Funcionalmente, un cuerpo trabaja bajo las órdenes de la cabeza, a través de los miembros superiores y hasta los más inferiores. En la medida que entendamos el funciona-miento de un cuerpo físico, podremos comprender 1 Corintios 12: 14-28, y comprender mejor la obra del Espíritu Santo en la vida de la iglesia y del discipulado.

COMO ESTABLECER LOS MINISTERIOS

La forma de órdenes y funciones se revelan en el libro de los Hechos. Dios escoge a los hombres. No son los hombres los que escogen los ministerios, por ejemplo: Samuel no escogió a Saúl, sino Dios, pero éste ejecutó las órdenes para hacerle rey, ungiéndole. Después Samuel, siguiendo órdenes, lo desechó y ungió a David. También en la iglesia el Señor, por medio del Espíritu Santo, escogió a Pablo y a Bernabé, y los ministerios de la iglesia de Antioquía, obedeciendo al Espíritu, les impusieron las manos y los enviaron a predicar.

Los ministerios deben ser la expresión de lo que Dios ordena. La iglesia debe gobernarse por medio de los ministerios y en una relación íntima de cada hermano, ubicados en una posición de acuerdo a su dones, y viviendo en amor y sujeción los unos con los otros. Por medio de los frutos y la multiplicación se adquiere la autoridad, y a su vez, el Espíritu confirma los ministerios. En la iglesia todo sigue un proceso natural, de acuerdo al crecimiento, y no debe haber fenómenos, porque es un cuerpo funcional y evolutivo. Todo sigue un proceso lento, pero constante. ¿Acaso al nacer un niño le salen bigote y dientes a los pocos días? ¡Imposible!, y si algo así ocurriera, sería un “fenómeno”, un crecimiento anormal.

Hay cosas que debemos hacer de acuerdo a la situación histórica que vivamos en cada momento, y que no están determinadas en la Palabra. La Biblia es como un manual de medicina: Contiene todas las enfermedades, diagnósticos y tratamientos, pero no es suficiente el que uno lo tenga y lo lea, aplicándolo arbitrariamente. Se necesita que conozca la enfermedad, y lo use de acuerdo a la necesidad. También es como un mapa, que nos muestra muchas rutas y pueblos, pero para llegar a cualquier punto determinado, debemos saber primero a dónde queremos ir, para después trazar por la ruta más corta. Hay cosas prácticas que no están resueltas en la Biblia, ni fueron pautadas por Jesús. Por ejemplo: El problema surgido por la administración de los bienes, que lleva a los apóstoles a poner diáconos. Cosa que Jesús no ordenó directamente, pero que el Espíritu Santo dirigió a hacer cuando surgió la necesidad. Hay muchas cosas que el Señor nos va a mostrar en su obra para que la llevemos a cabo, y no están dentro de un marco bíblico. Son necesidades que la iglesia tiene que afrontar en cada lugar. Ejemplo: El enviar misioneros, el resolver problemas de relación o administración, el probar los espíritus, el discernir el tiempo de Dios para algo, etc. Todas estas cosas las muestra el Espíritu de acuerdo a las normas dejadas por el Señor.

SITUACIONES HISTÓRICAS EXTRA-BÍBLICAS.

Hay situaciones conflictivas que tenemos que resol-ver que no están enmarcadas dentro de la Palabra. Cuando tenemos que crear estructuras o procedimientos para resolver estas situaciones, que llamaremos extra-bíblicas, debemos ser conscientes que las mismas obedezcan a situaciones circunstanciales, y no dogmatizarlas para el futuro, porque en tal caso, la estructura terminará oprimiendo al hombre.

Cada situación nos lleva a buscar una solución específica, y cada solución sólo tiene vigencia mientras dure la problemática para la cual fue creada. Ejemplo: Adoptamos un mecanismo de trabajo determinado en el área de los hogares, porque es necesario y funciona. Con el tiempo ya no es valedero, pues lo humano envejece y decae. Sin embargo nos aferramos a este método más allá de lo necesario, estancando el crecimiento de la iglesia. Otro ejemplo es la escuela dominical, la cual puede haber funcionado bien durante los últimos  veinte años, pero de pronto, comienza a decaer, porque se convierte en una rutina repetitiva de enseñanza o el crecimiento numérico produce el amontona-miento de muchas personas en poco espacio, afectando la concentración y el aprendizaje. Se propone un cambio, hacer la enseñanza por los hogares en grupos de crecimientos o células, pero algunos se oponen, porque consideran a la escuela dominical vital para la salud de la iglesia, aunque cada vez está más en decadencia. Una cosa puede ser buena un tiempo, pero puede caer en crisis y demandar una renovación, porque ya no llena las necesidades de las nuevas generaciones, o el crecimiento invalida el método anterior. Entonces: ¿Qué hacer en tal caso? Al ir a la Palabra no encontramos apoyo para muchas de estas metodologías, aunque sí nos muestra el camino del discipulado y del trabajo por las casas y las calles (Hechos 5:43).

Frente a esta realidad, decidimos que la enseñanza de la escuela dominical se administrará durante la semana y por los hogares, para dar más tiempo y profundidad a la misma. Además se diseña un plan de estudio que esté acorde con nuestro contexto cultural e histórico, enfocando problemas concretos en la formación del carácter cristiano.

Los métodos y formas nacen de los hombres, y sobre estos debemos ser flexibles, y buscar la luz de Dios en cada lugar y momento de la historia.

En la vida de la iglesia deben existir:

1) Las normas doctrinales; basadas en la Biblia que son de índole imperativa.

2) Las normas de gobierno; que deben ajustarse lo mejor posible al patrón bíblico pero sin ser muy dogmáticos en ello.

3) Las normas estructurales extra-bíblicas; que obedecen a las necesidades circunstanciales de la iglesia en cada localidad, y que se pueden cambiar, según las necesidades sociales o personales.

4) Las normas administrativas; que obedecen a situaciones jurídicas y legales de acuerdo a las pautas contables establecidas en cada país o nación. Esta área sí debe someter a asamblea democrática siempre que se vayan a tomar decisiones, y para ello hay dos razones:

  1. A) Porque al ser fondos económicos suplidos por la comunidad, ésta debe saber y opinar sobre el uso de los mismos.
  2. B) Porque en el manejo del dinero, los ministerios deben cuidarse. Deben ser lo más transparentes posible, para no caer en tentación, descrédito y codiciadel diablo.

Dios tiene que guiar a su pueblo por medio de las normas fijas en su Palabra, y por la iluminación del Espíritu Santo, a través de un orden en el cuerpo.

¿Comprendemos ahora lo que es el Gobierno de Dios? No es la democracia lo que el Espíritu busca. No es el asunto si vamos o no vamos, si hacemos o no hacemos, si queremos o no queremos. Las normas existen, y no hay alternativa si somos SIERVOS.

CUANDO NO ESTAMOS DE ACUERDO

Puede darse el caso que no estemos unánimes en el sentir, y haya discrepancia sobre algo que debemos hacer, apareciendo distintas opiniones. En tal caso, tenemos que buscar la dirección de Dios en la unidad de Espíritu, y si a pesar de ello no hay luz en lo que se desea emprender, se puede seguir el procedimiento que adoptó el pueblo de Israel cuando tuvieron tales problemas.

No siempre tendremos claridad para saber qué hacer en ciertos momentos de la vida de la iglesia. Habrá situaciones en las cuales parecerá que no hay voz de Dios respecto a ciertos asuntos. Es ahí cuando viene la duda, las diferencias de opiniones, cuando no sabemos qué hacer.             Muchos, en tales casos, llevan el asunto a la asamblea, a la decisión de la mayoría, pero, si no hay unidad en el sentir, la asamblea se fragmentará en dos grupos, y esta-remos dividiendo psicológicamente a la congregación, dando inicio al partidismo, como sucedió en Corinto, por lo que Pablo ataca con toda autoridad y severidad tales acciones, poniendo orden en las diferencias de criterios mediante la búsqueda del equilibrio en el principio del amor.[3]

También el pueblo judío confrontó dudas o falta de revelación en algunos momentos de su historia, y los Jueces no podían decir lo que Dios no dijo. ¿Qué hacían cuando nacía una duda? Les quedaba la alternativa de ir al sacerdote, el cual, tenía entre sus vestiduras sacerdotales dos piedras llamadas el URIM Y EL TUMIM[4]. El sacerdote, usando estas dos piedras obtenía la respuesta con un “sí” o un “no” respecto a los diferentes asuntos planteados. Fue una forma parecida a la que usaron los apóstoles para escoger al sucesor de Judas, ya que dice la Palabra que “echaron suertes[5] (Hechos 1:26) para ver quién ocuparía su lugar, cayendo la suerte sobre Matías.

Estas dos piedras estaban en el pectoral del sacer-dote, quien siempre las cargaba, acudiendo a ellas para encontrar respuesta a cualquier problema que no se podía resolver por la vía del sentir o la revelación. Nunca los jueces fueron al pueblo para pedir opinión. Moisés nunca quiso escuchar la voz de la mayoría, y si lo hubiera hecho, jamás hubieran llegado a la tierra prometida.

Esas piedrecitas eran consideradas la voz de Dios en caso de no haber otra solución. Con la teocracia, el Señor cerró todas las puertas al hecho de consultar a la mayoría en asuntos espirituales o funcionales. En caso de no haber claridad en la revelación, les dejó un medio para obtener res-puesta, cuando ésta no llegaba por la vía normal, buscar el discernimiento de Espíritu o las evidencias del Señor obran-do en las circunstancias.

Saúl fue un ejemplo de lo que representa no buscar la respuesta en la forma correcta. Su pecado le había apartado de Dios. Toda revelación le había sido quitada, tanto en sueño como en profecía, y fue a consultar al URIM, o sea, la piedra, pero ni ésta tampoco le contestó (1 Sam 28:6). En otras palabras, Dios le había quitado a Saúl toda revelación, porque lo había desechado, no hay luz para el impío. Sin embargo, él no se conformó y luchó por escuchar lo que Dios no quería decir, cayendo en un mayor error, consultó a una vidente, (psíquica) (28:8-17).

En Esdras 2:63, encontramos un ejemplo de cuando se consultó a Dios por medio de estas piedrecitas. El pueblo no escuchaba la voz de Jehová fácilmente, por lo que se les ordenó que no comiese de las cosas santas hasta que hubiese sacerdotes que consultasen a Dios por medio del Urim y Tumim. La ley de Dios daba las normas, así que de necesitarse algo “extra”, tenía que venir por la revelación de los profetas. De no haber esto último, y si existía duda sobre la voluntad de Dios, se acudía al sacerdote. Este, por medio de las piedras de su pectoral, consultaba a Dios “echando suerte“, o usando cualquier otra forma que no se explica clara-mente en la Palabra. Jamás Dios aprobó el consultar a la mayoría, porque Él conoce el corazón humano y sabe que en la mayoría siempre predomina el mal. El pecado por el cual Saúl fue desechado consistió en escuchar la voz del pueblo en vez de escuchar la Palabra de Dios (1 Sam 15:24).

La iglesia tuvo el mismo patrón de gobierno del Antiguo Testamento. Dios establece a Jesús, al que hace Señor y Rey de todos. Este escoge a doce hombres y los capacita para que transmitan a sus seguidores sus mandatos, no en la fuerza de la Ley Mosaica, sino en la del amor y el ejemplo. Estos discípulos se convierten en jueces, líderes que gobiernan la iglesia, y le muestran el camino, nombrando a otros líderes que se multiplican y extienden.

Se establecen ancianos. Estos a su vez establecen diáconos, todos gobernados por el “fundamento de los apóstoles” (Hechos 2:42). Guían al pueblo bajo la revelación vivida del Espíritu Santo. Cuando hay duda sobre ciertas cosas que se deben hacer, se ora, y de no haber un acuerdo unánime, (el acuerdo unánime era la única forma de estar seguros de que algo era del Señor) se acudía a consultar al consejo de ancianos mediante asamblea[6], y en casos extremos y delicados, se echaban suertes sobre los problemas o dudas (Hechos 1:26). Así solucionaron la dificultad al elegir el sustituto de Judas Iscariote. ¿Por qué no hubo votación entre los 120 presentes para escoger al nuevo discípulo entre los doce? El Señor nunca establecía una pauta de votación en mayoría, sino de elección en el Espíritu y sujeción. ¿Cómo echaron suertes? Ellos no tenían el Urim y Tumim, puesto que no eran sacerdotes. Sabe Dios qué usaron, pero pusieron dos cosas sobre las cuales echaron suertes, y cayó sobre Matías. No es el hombre el que decide, ni la asamblea la que decide quién es el ministro o pastor, aunque ésta sí puede ratificarlo. Es el Señor el que pone a aquellos que van a gobernar a su pueblo. No es cuestión de privilegio o preferencia, sino de la voluntad divina, de acuerdo a la necesidad. Los ministerios son aceptados por el fruto y la autoridad que emana de sus vidas. El Espíritu confirma el sentir a la comunidad, para que estas personas ocupen responsabilidades en la congregación.

Cuando no podamos resolver un problema por la Palabra o la revelación del Espíritu, queda una tercera forma: Consultar a Dios mediante la suerte -el Urim o Tumim-. La mejor forma es por el sentir de la mayoría. La Biblia nos insta a que haya en nosotros el sentir que hubo en Cristo Jesús”, para después establecer que “en aquello que hemos llegado, (en acuerdo) sigamos una misma regla” (Fil 2:5, 3:16), y sintiendo lo mismo, podremos gobernar mejor el cuerpo para vivir en una verdadera teocracia. Una de las metas de la iglesia es alcanzar la unidad del conocimiento y el sentir del cuerpo.

Otro problema fue la elección de los diáconos. Los apóstoles vieron la necesidad de encargar a otros la administración de los bienes para hacer más efectiva la ayuda de los necesitados y evitar las murmuraciones, además este trabajo les quitaba mucho tiempo en la ministración de la Palabra y la oración. Es por ello que convocaron a la mayoría para que escogieran siete diáconos, estipulando los apóstoles las condiciones o requisitos. Quizá algunos digan: “Esa fue una elección, hicieron una asamblea y eligieron por voto a los 7”. La Palabra no dice que se discutió el asunto, pues la cantidad de diáconos y las condiciones fueron impuestas por los apóstoles. La multitud señaló a los que reunían tales requisitos, de acuerdo al patrón establecido, y sin mucha polémica se nombró a los siete (Hechos 6:1-7).

Hemos sustituido la voz del Espíritu Santo por la de la asamblea. En muchas ocasiones esto puede ser peligroso. Hemos hecho a los ministerios víctimas de la “mayoría”, la cual tiene toda la autoridad para gobernar la iglesia. La Biblia enseña que los apóstoles constituían a los ancianos. Estos a su vez establecían a los diáconos de acuerdo a los requisitos bíblicos. Hoy, hasta esto se resuelve con la democracia. Es por ello que los ministerios no tienen autoridad para guiar a la iglesia a una vida cristocéntrica, y algunos (imponiéndose), hacen que sus caprichos sean aceptados por la congregación, abusando tremendamente de la autoridad. Dios no puso “una” autoridad sobre la iglesia, ni puso un gobierno democrático o autocrático. Debemos buscar, vivir o entender lo que es el gobierno del Espíritu. Necesitamos un pluralismo dentro del ministerio que bajo las normas bíblicas, y la dirección de Dios, guíen al pueblo hacia una verdadera teocracia. Hay áreas en la que debemos considerar el valor de la democracia, como en los asuntos administrativos. En otras debemos buscar el sentir de la mayoría de acuerdo a su madurez, y en algunas situaciones ceñirnos a la autoridad ministerial apoyada por la doctrina o enseñanza bíblica. Pero de esto vamos a hablar en un capítulo aparte.

 

CONCLUSIÓN

Hemos analizado lo que es el funcionamiento teocrático en la vida de la iglesia y como debemos funcionar, en-tendiendo que en un gobierno local debe haber un pluralismo ministerial. Los asuntos administrativos deben consultarse con la asamblea, pero en el área del quehacer de la iglesia debemos dejar al Espíritu obrar de acuerdo a la Palabra, y sentir del cuerpo. Ahora pasaremos a resolver la fórmula de buscar ese sentir, sin caer en una dictadura humana o en una democracia total.

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[1] – Bibliografía: Recomiendo “El Judeo-Cristianismo palestino en el Siglo -I-” Dr. César Vidal Manzanares. Editorial Trotta S.A. Madrid, 1995. Este texto ayudará a entender el marco histórico de la Iglesia en el primer siglo.

    [2]- Filipenses 3:15-16,  Efesios 1:21-23,  1 Corintios Capítulo.12.

[3]– 1 Corintios 1:12-17. Todo el libro de Corintios afronta los problemas causados por las opiniones y corrientes diversas dentro de una iglesia compuesta por gentiles y judíos. Además hubieron varios ministerios que según parece tenían discípulos dentro del mismo grupo. Esta era una iglesia multicultural y con varios ministros que formaron vidas.

[4]URIM Y TUMIM significa luces y perfecciones, son plurales intensivos. Se encuentran las referencias en Éxodo 28:30, Levítico 8:8, Números 27:21,Josué 7:14-18,1 Samuel 14:36-37, Oseas 3:4, Esdras 2:63.

 [5]- Aparecen otros textos que hacen referencia a “echar suerte como Levíticos 16:8, Nehemías 11:1, Esther 3:7. No es lo mismo “echar suerte” que tiene que ver con elegir que “buscar buena suerte” que tiene que ver con el destino.

    [6]- En Hechos 15 encontramos el concilio de Jerusalén, en el cual se discutirían ciertas diferencias sobre la problemática existente en aquella época entre gentiles y judíos. Observemos los versos 28 y 29, lo que sería la conclusión final en lo cual hubo unanimidad.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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