LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -21-

Mario E. Fumero

NO CREAR NI INVENTAR

Tomado del libro de Mario E. Fumero

Muchos toman la revelación de Dios en cierta época, cuando hace falta un cambio, como un privilegio dado a los que se creen “nietos de Dios,” y al recibir algo, que se había olvidado o sustituido por las tradiciones humanas, se engrandecen, y tratan de destruir el orden establecido convirtiéndose en caudillos, “mesías”, líderes o dioses.

Otros, al tener más luz sobre cierta verdad divina, ya expuesta en su Palabra, la enseñan y escriben sobre ellas, añadiendo: <âDERECHOS EXCLUSIVOS DEL AUTOR. PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIALã>, olvidando que todo viene de Dios, y nada es nuestro, ni siquiera la vida. Nuestra luz sobre cierta verdad se nutre de otra luz sobre otra verdad recibida por otro siervo del Señor en el pasado, por lo tanto tenemos una herencia que evoluciona según el mover del Espíritu.

Hoy se quiere causar tanta sensación, que aunque no haya “verdades reveladas”, muchos se las ingenian para llamar la atención a través de énfasis sensacionalistas. Es debido a ello que han salido por nuestro mundo muchos énfasis “locos”, que como moda, se imponen en la vida de las iglesias, llevándolas a ignorar otras verdades fundamentales.[1]

Todo lo que Dios desea para nosotros ya fue dicho, y nadie puede añadir sobre esto. El fundamento esta puesto, y es Jesús. Sobre su palabra debemos de sobreedificar, pero cuidado cómo edificamos, no sea que, en vez de un edificio para Dios, estemos haciendo un edificio para nuestras ideas. (1ª Cor. 3:10)

Los falsos profetas que han salido por el mundo nacieron porque tomaron cierta luz supuestamente de Dios, en medio de una crisis espiritual, como algo propio, y han creado con esto “cultos alrededor de ellos”. Es bueno aclarar que aunque seamos instrumentos utilizados por Dios en ciertos momentos de crisis o necesidad, esto no nos hace superiores a otros, ni centro de nada, porque todo viene de Dios para bien común, y es el Espíritu Santo el que nos lleva a toda verdad y justicia. (Juan 16:13) Los descubrimientos espirituales no son para una exaltación individualista, o un mercantilismo descarado, sino para el bien común de su pueblo.

El otro peligro es el de la homolatría (culto al hombre) o caudillismo (que arrastra a las masas detrás de un líder carismático). Cuando alguien puede enseñar elocuentemente, o explicar algo de manera llamativa o hermosa, se convierte en “gran orador o líder”, teniendo seguidores que lo tomarán como alguien “muy importante”, adulándole y exaltándole hasta que este individuo se cree ser algo, cayendo en el peligro de corrupción. Eso fue lo que ocurrió en Corintio. Unos se creían mejores por ser discípulos de Pablo, otros de Apolo y otros de Pedro, pero habían unos, los peores, que no se sujetaban a nadie, y que decían ser de Cristo (1 Cor 1:12). Cuando esto ocurre, el diablo se cuela. El siervo se vuelve Señor, se siente importante, acepta elogios, y muchas veces se vuelve un caudillo que la gente idólatra, formándose un grupo bajo este hombre que termina constituyéndose en una SECTA. Es común que este espíritu de grandeza, que poseen ciertos predicadores, no sea sino el producto de una conducta incorrecta de parte de muchos cristianos mediocres que le dan más gloria al hombre que a Dios.

Otros tratarán de sobresalir, trayendo mensajes, que más que una enseñanza, son un montaje sensacionalista que manipula las emociones humanas. Tarde o temprano todo lo sensacional y emocional se acaba, y queda la triste realidad del vacío interior, y a veces, la confusión que lleva a la división. Toda verdad, por sensacional que sea, se debe transmitir con amor, humildad, sabiduría, y teniendo en cuenta el deseo de Jesús, que es unirnos para crecer. Cuando una verdad sea tan sólida que ciertos creyentes no la pueden resistir o asimilar, porque es mucha comida para su capacidad, mejor es esperar. Es bueno entender que no es importante tener una verdad y darla causando daño, sino transmitirla con amor, pues dice Efesios 4:15:

“Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.”

RECIBIENDO Y TRANSMITIENDO.

Dios puede llevarnos a su voluntad mediante revelación directa, como en el caso de Saulo en el camino de Damasco, o nos puede llevar por medio del mensaje de la Palabra, como Felipe al Etíope (Hch 8:27). En ambos casos, el “nacer de nuevo” es una obra absoluta de Dios por medio del Espíritu, el cual opera directamente en los corazones, aunque la Palabra puede ser revelada de diferentes formas. Por ejemplo; hay casos de personas que se convirtieron por medio de tratados, radio, o aún testimonios bíblicos. Recordemos que la Palabra entra por el oír, y es ésta la que produce el arrepentimiento.

Ambas formas de encuentro personal NOS HACE HIJOS DE DIOS, NACIÓN SANTA, MIEMBROS DEL CUERPO”, sin distinción o preferencia ante Dios. Todos creemos y entramos en la misma relación con Él. Sin embargo, inmediatamente después se inicia la primera etapa de la vida cristiana, que es; ser formado como discípulo para hacer discípulos y en esta etapa se necesita de alguien que nos guie.

La primera etapa de la vida cristiana es aprender, despertar al mundo espiritual, y tomar la leche espiritual. Este aprendizaje, forzosamente, será por medio de otro, que anteriormente haya aprendido y haya sido discípulo, y esté ubicado en el cuerpo. Algunos creen que pueden crecer por sí solos, como una semilla sin sujetarse al suelo. Otros dicen: “¿Por qué Dios no me capacita a mí sólo leyendo la Biblia, orando y ayunando?”. Dios mismo, al fundar la Iglesia, estableció el orden, que se define como CUERPO, símbolo que expone la necesidad imperiosa de una unidad para vida y ayuda mutua en crecimiento. Cristo sabía que una mano fuera del cuerpo no sirve, que un pie aquí y un riñón allá no valen de nada. Él ordenó el cuerpo para que todos estuvieran sujetos, unos a otros, en particular. (1 Cor 12:27)  El modelo de iglesia que el diablo quiere es el estilo carnicería, porque así puede producir corrupción, o hacer de la iglesia un orfanatorio, con un director llamado pastor.

Hay muchos ejemplos que demuestran que no puede haber crecimiento sin unidad. Dios usa a hombres para formar discípulos. Ni aún los mismos ángeles pueden hacer discípulos, o predicar el mensaje de salvación, más bien, los ángeles, en la era de la iglesia, son auxiliares de los discípulos, y guardianes de los hijos de Dios. En Hechos, Capítulo 10, vemos la historia del gentil Cornelio, un hombre temeroso de Dios, pero desconocedor de la gloria de Jesús. Un ángel le visita y le ordena que mande a buscar a Pedro a tal lugar. ¿Por qué el ángel no le dio el mensaje directamente? Sin embargo éste se limitó a ordenarle que buscase a Pedro.

Cuando Pablo recibió su llamado, fue enviado a una casa en Damasco. Allí tendría que esperar cierta ayuda que vendría y le diría lo que tenía que hacer. Después, Dios ordena a un discípulo que fuese a buscarle, era Ananías. Al llegar Ananías le impartió el Espíritu Santo con la imposición de manos, lo bautizó y lo llevó a su casa, enseñándole el ABC de Cristo (Hechos 9:15-19). Después Pablo deja Da-masco para ir a Jerusalén, y estando allí necesitó la ayuda de Bernabé para poder entrar al culto de los “discípulos”, pues no creían que fuese discípulo. Pero ¿por qué razón no le querían recibir?  Porque por un lado le temían, creyendo que podía ser un espía, y por el otro, veían que andaba suelto, sin maestro ni cobertura, cosa que quedó resuelta cuando dice la Palabra que Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles“. (Hechos 9:26-27)[2]

Estos hechos y otros muchos, juntos con el mandato de Jesús: “ID Y HACED DISCÍPULOS, doctrinándoles y ordenándoles a que guardasen todo lo que les había mandado” esto indican que el primer paso en todo aprendizaje está en aprender y vivir el ABC de Cristo.

La segunda etapa del crecimiento es transmitir lo que tú aprendiste y viviste con tu maestro. Somos, pues, transmisores de aquello que recibimos de otro. Se cumple de esta forma el mandato de Pablo a su hijo Timoteo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”. (2ª Timoteo. 2:2)

En esta transmisión de palabra y vida hay que ser fiel a lo aprendido, no añadir ideas propias para exaltar el “EGO”. Esto se logra cuando alcanzamos madurez, y pasamos de la leche al alimento sólido.

RECIBO DE ARRIBA, FILTRANDO Y PASANDO.

Una vez alcanzada cierta estatura espiritual, y después de estar bien unido y concertado en el cuerpo, encontraremos que lo que nos transmitieron mientras era sólo discípulo, adquiere más brillo cuando soy maestro de otros. Dios amplía y usa mi capacidad y entendimiento para que una verdad recibida ayer, sea hoy más brillante y clara, sin cambiar el fondo, aunque sí la forma.

Todo lo que Dios nos da sobre su verdad lo transmite por medios humanos. Quizá en el conjunto de cosas que yo recibo de alguien, encuentro “perlas”, que yo, por medio de la luz del Espíritu Santo, puedo ampliar y transmitir más nítidamente a otros, exaltando un punto que quizá mi maestro no profundizó. Ejemplo: Mi maestro me enseñó sobre la grandeza del amor sobre los carismas espirituales. Yo profundizo ese tema, y enfoco el amor sobre los defectos. A la idea aprendida, le añado una perspectiva más amplia, y uso mis propias experiencias para darle una originalidad, sin alterar el fondo de esa verdad.

Al recibir una enseñanza, lo primero que debemos hacer es probarla y vivirla en nosotros mismos, para después transmitirla, de acuerdo a cómo la aprendí y viví en mi experiencia. Si escucho un sermón o enseñanza, y trae bendición a mi vida, ¿haría mal si lo transmito tal como lo sentí en mí? ¿Será esto un plagio? ¡NO! nunca, porque lo que el hombre transmitió en el sermón vino de Dios para todos. Si transmitir lo que aprendo de otro es copiar, los primeros cristianos hicieron muy mal, pues copiaron y transmitieron de boca en boca lo que recibieron de los apóstoles.

No predicamos para tener protagonismo, ni tenemos “derechos exclusivos” sobre la revelación de Dios. Tan sólo somos canales del Espíritu para edificar su pueblo. Recuerda que este asunto es de Dios. No es cuestión de crear ni inventar, sino de recibir y transmitir.

A las transmisiones de arriba (miembros superiores) el Señor puede añadir más luz, darnos más revelación, que confirme la enseñanza recibida bajo cierta necesidad especial de los de más abajo. Cuando Él nos ilumina en cierto tiempo, es porque nos quiere guiar a hacer algo para bien del cuerpo. No hay profecía, ni verdad bíblica de interpretación privada, (2ª Pedro 1:19-21) ni de voluntad humana. No cabe decir que algo es mío, porque “yo” lo recibí. Nada es de nadie, todo viene de Dios.

Siempre una verdad recibida en alguna parte del cuerpo tiende a edificar y ayudar a la otra. La comunicación de todos es importante para el buen funcionamiento del culto (1 Cor 14:26). Recordemos que toda revelación, verdad o don, viene a la iglesia para edificarla en el amor, pero la misma debe ser probada por la Palabra y por el Espíritu. Hemos visto el funcionamiento de los ministerios del cuerpo: El maestro es un transmisor y educador que primero fue evangelista, y el pastor como el director, guía al rebaño, pero el apóstol y el profeta se dedican más a profundizar la revelación de la Palabra y la oración, y ellos eran los que iban trazando las pautas a seguir según las necesidades de cada lugar, comunicándoselo a los ancianos, maestros y pastores.

Pueden haber líderes más distinguidos porque habla con más elocuencia o tienen madurez, profundidad, o están en lugares aparentemente “más importantes” en el cuerpo, como la mano y el ojo, sin embargo, pese a su ubicación prominente, no son superiores en relación a la cabeza que los gobierna a todos. A veces, los miembros más escondidos, y menos visibles, hacen mejor trabajo y son más necesarios, como el corazón y los riñones. Y los que reciben menos honra son los más honrados (1ª Cor. 12:21-24). Así que en la iglesia todos desempeñamos una labor importante, y aunque no estemos en un púlpito, estamos realizando la función del cuerpo. Esta función básica es hacer discípulos y: “…Hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”, 2 Timoteo 2:2b.

CONCLUSIÓN.

Nadie tiene nada propio, ni espiritual ni material. En ésta etapa inicial debe quedar claro que todas las ideas que recibamos, sean del exterior o del país, vengan de quien vengan, son para el bien común, si sirven para armar el cuerpo y unirnos a Cristo Jesús, Nuestro Señor.

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    [1]- En el libro “BUSCANDO EL EQUILIBRIO” Mario E. Fumero enfoca la problemática causada por los énfasis extremos en la vida de la iglesia y analiza cada uno de los mismos dentro del contexto bíblico.

    [2]- Es importante notar que en la iglesia primitiva la asamblea era el primer día de la semana, solo para los discípulos, no asistiendo ni visitas, ni desconocidos. Era una reunión privada para la familia que compartía el consejo de Dios por boca de los líderes y ancianos de la iglesia. (1 Corintios 14:23,27 16:2)

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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