LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -24-

 Mario E. Fumero

LA REALIDAD DE LA DIVISIÓN

Tomado del libro de Mario E. Fumero

¿Cuándo nació en el hombre el espíritu de división, como medio de exclusión o separación por asuntos personales? Todo se inició en el Edén. Allí vemos como hombre y mujer desobedecieron a su Señor, pues querían ser “como dioses” (Génesis 3:5). Entonces aparece el pecado: La rebelión y la soberbia  que llevaron al hombre a separarse de su Padre y Creador. Allí nació la primera, y la más importante separación de todas: “LA DEL HOMBRE CON DIOS“.

Después vemos el plan divino para restaurar a este hombre caído, pese al aparente fracaso. Él había ordenado a Adán y Eva que: “se fructificaran y multiplicaran para llenar la tierra”, y ahora que habían caído, Él no iba a dejar que toda una generación se destruyera, (Génesis 1:28) y entonces les prometió un salvador (Génesis 3:15).

Vemos después, en Babel, que los hombres no se esparcieron, y querían estar juntos, en franca rebelión contra Dios, por lo cual vinieron las diversas lenguas para confundirlos, algo así como un pentecostés sin Espíritu, porque en ambos casos el propósito de Dios era que se esparcieran y poblaran la faz de la tierra. Vemos aquí que la única división aceptada por Dios es la geográfica…, porque todos apiñados no harían otra cosa que crear problemas y multiplicar la maldad. ¿No es acaso un hecho sociológico que el amontonamiento de gente en las grandes ciudades genera delincuencia, problemas de salud, miseria y degradación humana?[1]              

Este hecho se repite en nuestros tiempos. Vemos con asombro el fenómeno actual creado por las migraciones campesinas a las grandes ciudades, y cuando todos nos apiñamos para vivir juntos, se producen miles de problemas y conflictos colectivos. Las grandes ciudades del mundo son las más corrompidas y degeneradas; como New York, Los Ángeles, Londres, París, Madrid, etc. Si la iglesia primitiva no se hubiera esparcido, de seguro se hubiera degenerado, pero la persecución y la expansión no permitió un centralismo que llevaría a una degeneración.

Al estudiar la historia que la Iglesia, vemos como una vez centralizada en Roma, por Constantino (313 d.C.), se degeneró hasta llegar a su punto máximo en la edad media, donde el “catolicismo romano” se convirtió en un poder absoluto en todas las áreas de la vida, hasta que después apareció en el 1517 la Reforma Luterana[2].

El mandato de Cristo de “IR POR TODO EL MUNDO“, indica que no hay límite. Sería un pecado querer estar siempre juntos en un sólo lugar. Algunos han pensado que la iglesia debe estar en un sólo lugar, “literalmente”, y que todos deberíamos formar una ciudad de “sólo cristianos” para que así no haya mal, ni se vaya la gloria de Dios, situación que surgió en algunas etapas de la historia,  y que dio origen a la corrupción social y desvirtuación doctrinal.

Si somos “luces” tenemos que estar esparcidos, y si somos “sal” también. La separación geográfica y la expansión de la iglesia en “las casas” y sectores no es una división, ni cosa parecida, sino un fin para llevar a cabo una meta llamada <c r e c i m i e n t o>.

En una ocasión los apóstoles más íntimos de Jesús; Pedro, Jacobo y Juan, fueron con su Maestro a un monte y vieron la gloriosa transfiguración de Jesús (Marcos 9:2-6) acompañado por Moisés y Elías. Ellos asombrados por tan maravilloso acontecimiento dijeron:

“Hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

Y no se dieron cuenta del disparate que decían “porque el plan de Dios es separarnos para multiplicarnos y formar de toda lengua y nación, un solo pueblo”. Esta tendencia es natural y humana. Siempre buscamos quedarnos con lo bueno y esquivamos todo aquello que envuelva sacrificio y renunciación.

La única división aceptada por Dios es la de posición, y no la de actitud, y en tal caso, es más bien una separación, que una división. Deben ser las circunstancias y no el capricho lo que nos separe. El diablo ha tomado la división bíblica, que es la separación geográfica, para producir otros tipos de divisiones, peores y contrarias a la voluntad de Dios, que es la que analizaremos a continuación.

QUE CONTRIBUYE A LAS DIVISIONES Y SECTAS HERÉTICAS

La iglesia primitiva se encontró protegida por la estructura de grupos pequeños e iglesias locales, sin un centralismo. De esta forma evitaron que algunas doctrinas falsas, dominantes en esta época, no hicieran mella en la iglesia. Es bien conocido el hecho de que el apóstol Pablo en sus epístolas[3] arremete fuertemente contra los gnósticos de su época[4]. La Iglesia siempre tuvo que luchar contra los falsos maestros de adentro y también los de afuera: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” Hechos 20:29-30.

Muchas sectas nacieron en situaciones de crisis espirituales, o en momentos en que aparecía un avivamiento, para el cual la iglesia no estaba preparada a través de una correcta formación bíblica.

Las divisiones surgen como resultado de énfasis radicalizados, que lentamente se van convirtiendo en herejías. Tomemos el caso de William Miller, fundador de la denominación adventista, el cual descubrió en el 1833 la interpretación de la profecía de Daniel 8:14, y a través de un análisis matemático estipuló (de forma especulativa) la era de los gentiles y el advenimiento de Jesús. De ahí salió otro movimiento, del cual Carlos Russell formó parte, llamado los “Segundos adventistas”. Después vino la interpretación más amplia (aunque especulativa) de la profecía de Daniel hechas por John A. Brown, quien puso las bases para las predicciones de Russell, quien fijó la fecha de la venida de Cristo para el 1914. De Russell, que se desprendió de los “Segundos Adventistas”, nacen los “Testigos de Jehová”[5] y su famosas afirmaciones de que Cristo vendría en tal fecha, lo cual, al no ocurrir, dio lugar a otras interpretaciones.

Como hemos visto, las causas de divisiones sectarias obedecen a fenómenos especulativos, en donde el diablo, partiendo de la ignorancia escriturar, produce ceguera, para llevar a los hombres a graves adulteraciones que originan caos y confusión en el cristianismo. Pero no todas las divisiones siguen pautas heréticas. Hay casos cuando la división obedece más a caprichos o situaciones históricas, que a desvirtuaciones escritúrales.

EL INICIO DE LA UNIDAD

Notemos como también el pecado produjo la primera división “destructiva”; que fue la separación del hombre con Dios. Esa separación estaba expresada en la construcción del tabernáculo judío: Un velo, separando a Dios de su pueblo. Era el pecado que tenía que ser pagado por la sangre de un cordero inocente (Levítico 16:2). Sólo el sacerdote podría entrar una vez al año para hacer remisión por los pecado del pueblo, pero al morir Cristo, el velo del templo se rasgó (Mateo 27:51) y la comunión con Dios se estableció por su medio, quedando la unidad HOMBRE-DIOS restaurada.

Cristo vino a restaurar todas las cosas en Él mismo, y sujetarlas a su señorío (Filipenses 3:21). Esto es la unidad de lo dividido por el mal, para formar en Cristo un reino unido en amor. A esto le llamamos IGLESIA. Es por eso que en la Biblia se compara a la iglesia con:

  1. A) UN CUERPO (una unidadde función).
  2. B) UN EDIFICIO (una unidadde sostén).
  3. C) UNA FAMILIA (Todos como hermanos y parientes)

En estos conceptos, la unidad para conseguir un fin es básica, y la división es catastrófica.

Llamaremos a esta etapa de reunir en Cristo todas las cosas, “la dispensación del cumplimiento de los tiempos“, según Efesios 1:9-10.  Esto es, que todas las cosas quedan unidas a Aquel que es el origen de las mismas. Pero, ¿a quién le ha sido encomendado este deseo de Dios de juntar todas las cosas en Cristo Jesús? A su iglesia, que debe “SER UNA, COMO YO Y EL PADRE SOMOS UNO” (Juan 17:21). Y éste es el máximo sentido de la existencia de la IGLESIA, una unidad alrededor de UN SEÑOR Y UN ESPÍ-RITU, que prepara UN PUEBLO para reinar por siempre con ÉL (Efesios 4:3-6, Apocalipsis 7:9).

LA IGLESIA DEBE SER UNA

La iglesia, desde todos los puntos de vista, es una. En estudios anteriores definimos “cuál es la iglesia, y que es ser miembro”, y establecimos que la Biblia demuestra que en cada localidad había una sola iglesia repartida por toda la ciudad en casas diferentes. Establecimos que cuando se menciona “iglesias”, se refiere a la unidad de las iglesias locales de una región o provincia. Si vamos a la ciudad de Éfeso, encontramos “UNA IGLESIA LOCAL” repartida en varios sectores y casas. Así que en una ciudad podrá haber muchas comunidades o grupos, pero una sola iglesia del Señor.

Si la iglesia es una e indivisible, bajo todo punto de vista, ¿Por qué en una ciudad me encuentro tantas iglesias desconectadas y aisladas de la relación y del amor cristiano entre una y otra, proclamando cada cual su supremacía, como que Cristo hizo un contrato específico de ser más con unos que con otros?

Seamos sinceros, y veamos la realidad tremenda que nos separa y descubriremos que son cosas sin fundamentos bíblicos. Son rudimentos superables por el amor “que todo lo soporta y es sobre todo don natural o espiritual“.

A través de la división el diablo obtiene fuerza, y nosotros perdemos vida al “separarnos en costumbres y opiniones”.  Cristo dijo que “todo reino dividido contra sí mismo no prevalece”.

No quiero decir con esto que debemos de estar todos juntos en un mismo local, eso es imposible, y además tampoco significa unidad. Lo podemos ver en las campañas llamadas “UNIDAS”, donde estamos todos juntos pero NO UNÁNIMES (sintiendo lo mismo). Hay muchos prejuicios que no desaparecen fácilmente. Prejuicios que nos hacen ver mal a otro hermano por tal o cual costumbre. La unidad bíblica tiene que nacer del sentir y el amar, y esto no se logra con el simple hecho de estar juntos geográficamente, ni en un mismo local.

Vamos a analizar ahora las divisiones, que según la Palabra, son CONTRARIAS AL DESEO DE DIOS.

LA DIVISIÓN CONTRARIA A LA BIBLIA

            Existe varias actitudes de divisiones que no son aprobadas por las Sagradas Escrituras, y he aquí algunas de ellas:

-DIVISIÓN POR LÍDERES: Tenemos el caso de los Corintios, unos decían: “Soy de Pablo, y yo de Apolos, y yo de Cefas, y yo de Cristo” (1ª Cor. 1:12). Cada cual eran celosos con sus padres espirituales, ya que habían sido frutos de diferentes ministerios apostólicos. Sin embargo Pablo expresa el hecho de que aunque varios ministerios formaron diferentes grupos dentro de la iglesia local, ninguno de ellos les había redimido del pecado, porque ¿acaso murió Pablo, Cefas o Apolos por ellos? En otras palabras; Pablo, Cefas y Apolos eran instrumentos para un fin, pero no eran el fin. Así que los que defendían a sus “padres espirituales”, estaban mal, y los primeros en reconocer esto eran los líderes que les formaron.  Pablo aclaró el asunto, afirmando que pese a los diferentes ministerios e incluso a la discrepancia de opiniones, todos debían ser “de una misma mente y un mismo parecer” (1ª Cor. 1:10), en aquél que es fundamento de toda obra, Cristo Jesús (1ª Cor. 3:10). Los discípulos sólo debían ver en sus maestros un MEDIO DE SUJECIÓN, pero no UN PUNTO DE DIVISIÓN, porque no hay base de división para seguir a hombres, por grandes que estos sean, pues al fin y al cabo;

“uno siembra, otro recoge, pero Dios es el que da el crecimiento” (1ª Cor. 3:6).

Actualmente formamos grupos alrededor de los hombres que tienen un mensaje prominente, y por esta causa se han dividido muchas congregaciones, pero esta actitud está en contra de la Palabra de Dios.

-DIVISIÓN POR DENOMINACIONES: Hay personas que al ser miembros de tal o cual organización, ex-claman: “Nosotros sí somos de Cristo“, y hacen proselitismo o divisiones, ya no por amor, sino por contienda, competencia o ambiciones humanas. También en Corinto había un grupo que tenía su propia secta. Estos no eran discípulos de Pablo, ni de Apolos, pues decían ser de Cristo: Y yo de Cristo” y eran los peores, pues no se sujetaban a nadie, y menospreciaban a los otros, produciéndose el sectarismo de los independientes.

En un estudio anterior, vimos que habían muchos templos o sectores con grupos de creyentes en una localidad; pero el templo o sector que tengamos, no debe ser causa de división. Es cierto que en una ciudad hay muchas “congregaciones” con muchos nombres denominacionales o jurídicos, pero esto es solamente un medio histórico y un orden legal que nada tiene que ver con el plan divino.

Aceptamos el hecho de que las denominaciones son el producto de un proceso circunstancial y que se ha hecho necesario, y hasta cierto punto saludable, pues hay opciones de buscar un rebaño edificante, principalmente cuando alguien quiere abusar de la autoridad espiritual, al ejercer un gobierno hegemónico. Pero no podemos justificar las actitudes sectaristas que muchos evangélicos tienen, al defender y poner a su grupo o denominación como la mejor, única y exclusiva.

-DIVISIÓN POR COSTUMBRES Y RUDIMENTOS: En la Palabra se encuentran muchas pruebas que prohíben la división por desacuerdo en cosas pequeñas “que no son fundamentales“. Nosotros tratamos de dividir el cristianismo partiendo de cosas que deberían quedar eclipsa-das por el AMOR. Sin embargo aparecen estas “cosillas” que llamaremos “rudimentos” como más importantes que el MISMO AMOR, que, según la Biblia sobrepuja todo entendimiento (Efesios 3:19).

Algunos ocasionan división por cosas que llaman doctrinas, pero solamente son rudimentos (Hebreos 6:1-2). Por ejemplo; la división entre los que comen carne y los que comen legumbres. Los que guardar un día, que para uno es el sábado y para otros el domingo, o por el don de lenguas, ya que unos dicen que está vigente, mientras que otros afirman que pasó de moda (Rom. 14:1-7), o por el uso de un velo en la cabeza, o por ciertos ritos o ceremonias, etc. Hay otros que se dividen por costumbres como: Los que usan las manos para cantar, o rechazan éstas. Los que aceptan orar en voz alta, y los que afirman que todo tiene que ser en silencio, etc. Los que enseñan que hay que danzar y los que se oponen a las danzas. Los que no permiten el uso de instrumentos y los que tienen una orquesta en la iglesia, montando a veces más que un culto, un espectáculo…etc. Todos estos problemas de división nacen como consecuencia de nuestras niñerías. Dice la Palabra que los que tales cosas hacen SON NIÑOS Y CARNALES” (1ª Cor. 3:2-5).

Existen otros que, usando énfasis teológicos, causan sensacionalismo con ciertas verdades parciales que explotan más allá de lo lógico, llegando a hacer de éstas una doctrina, (cuando tan sólo son parte de una doctrina) con la cual atraen, condenan y dividen iglesias establecidas, manipulando la verdad de Dios e imponiéndola como “dogma de fe”.  Un Ejemplo de esto lo vemos en las corrientes que hoy se proliferan como la teología de la prosperidad, de la liberación, del reino, de la guerra espiritual etc. Pero podemos vivir juntos, aunque tengamos diferentes criterios en esas cosas pequeñas de la vida cristiana. Un ejemplo de la diferencia de opiniones sin división está en el caso de dos apóstoles: Pedro y Pablo. El primero partidario del legalismo y la circuncisión, el segundo de la gracia y la incircuncisión. Una vez ambos se disgustaron y se enfrentaron cara a cara por cuestión de la circuncisión. El asunto tomó tanta fuerza, que uno reprendió al otro fuertemente (Gálatas 2:11-21), más este enfrentamiento no produjo división, sino unidad en el cuerpo, pues el amor permitía los choques, sin que la chispa causara el incendio de la división.

    -DIVISIONES POR NIVELES SOCIALES: Mu-chas veces al ir al culto las personas se fijan en la “gente” que allí se congreguen; como visten, que nivel social tienen y donde está ubicada la congregación. Hacen diferencia entre templos para pobres y templos para ricos. A veces se ve la separación en una misma congregación, y algunos dicen: “Dios me ha dado ministerio para los ricos“, y otros: “Yo soy predicador de los pobres“, etc.

Siendo íntegro a la verdad, la posición social no pinta nada en Cristo. Tales actitudes son contrarias a todo orden y principio bíblico, y atenta contra la igualdad establecida en la iglesia primitiva, siendo una de las más vergonzosas divisiones dentro de la iglesia en nuestros tiempos. Muchos van a las reuniones para presumir peinados y ropas ostentosas, y criticar a los que carecen de esto, corrompiendo el evangelio con las modas y corrientes de este siglo.

Nuestra forma de actuar en el mundo debe reflejar la realidad del deseo divino en nuestras vidas. “Dios no hace acepción de personas” (Hch. 10:34, Rom. 2:11, Gál.2:6, Ef. 6:9, Col. 3:25), y si Él, que es soberano y poderoso, no lo hace, ¿quiénes somos nosotros para hacer separación entre ricos y pobres?

En 2ª Corintios 8:13-15, encontramos que la iglesia primitiva era una comunidad compuesta por esclavos y amos, de pobres y ricos, judíos y gentiles. A los pobres no les faltaba nada, porque los ricos, o los que tenían más re-cursos, suplían con su abundancia la escasez de éstos, y este principio se llama IGUALDAD. Jesús predicó y vivió con los pobres y desposeídos, pero no les dio la espalda a los ricos y pudientes como Zaqueo. Se ha tratado de hacer una “teología de clases“, y hemos tomado la Palabra para defender posiciones sociales y políticas, pero esto ha hecho mucho daño al evangelio, pues la iglesia no está llamada a tomar partido, ni a alinearse con determinadas corrientes políticas o económicas, ya que Cristo es para todos los que en él creen.

La condición social no debe ser causa de división en la iglesia, porque de ser así, reflejaría la falta de amor y desacreditaríamos la verdad central del evangelio.

-DIVISIONES POR NACIONALIDADES: En ningún lugar menciona la Biblia una iglesia con una determinada identidad nacionalista, como por ejemplo, “la iglesia griega de Corintio“, ni la “iglesia gentil de Antioquía, o la Iglesia Judía de Jerusalén, etc.“, como si la Iglesia estuviese dividida por naciones. La Palabra nos enseña que para Dios “no hay griego ni judío, circuncisión o incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el TODO, Y EN TODO” (Colosenses 3:11).

Si estoy en un país que no es el mío, pero tiene mi lengua y costumbres, debo unirme a la iglesia de los hermanos de tal país, porque “no hay base para hacer iglesias por patriotismo, ya que en Cristo tenemos otra ciudadanía mayor a la humana, y otras costumbres mejores que las de este mundo” (Filipenses 3:20). Es triste pensar que muchas veces existen iglesias de nacionalidades: La iglesia de los españoles, de los guatemaltecos, de los cubanos, etc., y esto ocurre en un mismo país. Sin embargo, a veces, y por causas de idioma y cultura, aparecen en países extranjeros, grupos migratorios que forman iglesias con identidad aparentemente nacionalista, como la iglesia de los chinos, de los coreanos, de los ingleses, de los nórdicos, etc., pero que en sí, actúan como medio de evangelismo para alcanzar a sus compatriotas en países extranjeros, y para mantener su identidad cultural y lingüística. En tales casos debemos aceptarlo, pues habían grupos judíos en otros países gentiles que formaban congregaciones en la época bíblica, pero no debían excluir a los gentiles del culto. De igual forma puede haber iglesias hispanas en Estados Unidos o Europa que no rechacen a los del país que deseen compartir con ellos, aunque se expresan en su lengua materna y sostienen sus costumbres de expresión musical. Estas iglesias no son divisiones, sino expresiones culturales en otros pueblos que cuidan su patrimonio. Este tipo de congregaciones lógicamente existen, y no podemos condenar tal hecho, siempre y cuando no se encierren en sí mismas y mantengan una actitud de convivencia con otros grupos étnicos diferentes, a los cuales reciban si ellos así lo desean.

Aparte de la excepción expuesta, no hay base bíblica para que cada nacionalidad edifique su iglesia aislada del resto. Esto es falta de unidad de un pueblo que debe ser uno entre toda tribu y lengua, y al cual Cristo viene a buscar (Apocalipsis 5:9).

Para concluir, si la Biblia no acepta la división por nación, menos aceptaría la división por asuntos raciales. Esto es tan absurdo bajo la mente de Cristo, que no vale la pena ni tratarlo, pues “todos somos iguales ante los ojos de Dios“, y el racismo es un atentado contra la doctrina cristiana del amor, y se catalogaría como un “crimen de odio”.

Es necesario proclamar la igualdad, de no hacer distinción entre ricos y pobres, sabios e ignorante, negros o blancos y formar una sola familia unidad en el Espíritu de Amor que nos da la nueva criatura. Si un hermano rico, poderoso, sabio o artista famoso se convierte, debe ser tratado igual que se hace con un pobre, humilde o campesino. Ambos tienen que seguir la misma regla, la misma formación y el mismo trato dentro de la vida de la Iglesia, pues no hay privilegios y todo proceso de nacimiento y crecimiento espiritual tiene que seguir las mismas reglas biológicas, y no podemos aceptar el tráfico de influencias o el soborno espiritual para los que tienen poder económico hasta de comprarse un “pastor”.

CONCLUSIÓN

Queda clara la idea de que la separación de la iglesia es como consecuencia de geografía y posición, y no a otras cosas que distan mucho de ser realidades cristianas. Sólo y por razones geográficas, se acepta la división o separación de los creyentes (Tito 3:10).

AMÉN

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[1] – En el 1967 viví en una zona del Bronx, N.Y. llena de problemática delincuencial por el problema de las drogas en barrios llenos de edificios. En el 1995 visite esa zona y había cambiado completa-mente porque demolieron los edificios y construyeron casas dúplex, resolviendo así la degradación social de esa zona al disminuir la acumulación de personas.

[2] -”Historia Moderna y Contemporánea” E. Marbán. Minerva Books, Ltd. N.Y. 1979.

[3] – Las epístolas a los Tesalonicenses, Gálatas y Colosenses presentan un ataque frontal a las corrientes heréticas de su época.

[4] – Ver “En Las Raíces de la Nueva Era” de Cesar Vidal Manzanares. Publicado por Editorial Caribe.

[5] – Ver el libro “¿Testigos de Jehová? Domingo Fernández. Editorial Unlit. 1997.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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Una respuesta a LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -24-

  1. Carlos Siedemburg dijo:

    Bendiciones,muy interesantes sus estudios y muchas gracias por compartirlas,son de mucha ayuda,le pregunto existe un hilo apostólico eclesial,como dijo el Señor,desde el Pentecostés hasta la fecha,?o las puertas del Hades prevalecieron contra tal sucesión,agradecería su opinión y la aplicaciin histórica ,si la hay.!? abrazo y bendigale el Señor.

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