LOS PECADOS DE LA PROSPERIDAD:

Codicia y ambición

Mario E. Fumero

La Biblia está llena de advertencias relacionadas con la codicia y la ambición, y Jesús enseño claramente sobre la misma cuando dijo en Lucas 12:15:“Mirad, guardaos de toda codicia, porque la vida de uno no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. Es interesante ver que Jesús coloco los bienes en un plano inferior, mientras que los predicadores de la prosperidad lo ponen en un plano superior.

La codicia esta ligada al hecho de buscar y desear tener bienes materiales. Es querer tener más de lo que debo o necesito. De ello escribe el profeta Habacuc en el 2:9  “¡Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, poniendo en alto su nido para escaparse de mano de la calamidad!”. Tal parece que la codicia produce calamidad, y una de esas calamidades es el afán y la ansiedad, pues el codicioso nunca se sacia de desear tener y acumular más y más sin pensar en los demás, porque es un gran egoísta.

Un ejemplo bíblico de codicia es la acción de Judas Iscariote. Según los Evangelios de Mateo y Marcos, fue la codicia lo que le llevó a traicionar a Jesús, a cambio de 30 monedas de plata y entregarlo al sumo sacerdote.

          Pero al hablar de codicia ¿entendemos el sentido etimológico de la palabra, y su implicación en las enseñanzas dadas por los maestros de la prosperidad, que hoy proliferan?. Esta palabra viene del latín “cupiditia” que significa “un apetito desordenado de riqueza. Deseo vehemente de alguna cosa” y como consecuencia, se genera la acción de codiciar, que es desear tener lo que otro tiene.

La naturaleza humana es propicia a esta acción, por su egoísmo enquistado como fruto del pecado original. Fue por esta razón que el Señor dispuso en uno de los diez mandamiento uno muy relacionado con esta acción y dijo en Exodo 20:17 «No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo«. Sobre esta acción de codiciar, todos los predicadores de la prosperidad comenten el error de usar términos que revelan una codicia hecha mensaje, como por ejemplo las palabras de Frederick C. Price cuando dijo: “Si la mafia se mueve en un “Lincoln Continental[1]” ¿porqué no el muchacho preferido del Rey (refiriéndose a si mismo)[2]”. No podemos negar que las enseñanzas de muchos maestros de la prosperidad motivan a desear los lujos que otros tienen, alentando la ambición a tener, lo que a su vez desencadena la codicia.

Lo terrible de los predicadores de la prosperidad es que tuercen las escrituras para afirmar aberraciones tales como que Jesús era millonario, tenia varias casas y vestía ropas lujosas[3]. ¿Es qué no saben leer las Escritura? Jesús nunca codició riquezas ni poder, aunque el diablo se las ofreció (Mt. 4:9). Él Señor vivió terrenalmente de prestado. Nació en un pesebre prestado (Lc. 2:7). Entro a Jerusalén en pollino prestado ( Mr. 11:2-4). Cenó  en una casa prestada (Mt. 26:18) y fue enterrado en una tumba prestada (Mt. 27:57-60). Aun en su vida terrenal no tenía dinero ni para pagar los impuestos, que injustamente le quisieron cobrar en Capernaum, por lo que mandó a Pedro a pescar un pez, y sacar de su boca el dinero (Mt. 17:24-27. ¿Y todavía tienen el valor de decir que Jesús y sus discípulos eran ricos?

          Pero debemos ahora plantearnos ¿qué es ambición? El diccionario la define como “la pasión por conseguir poder, fama y dignidad[4]”. Viene del latín “itione” , y su acción involucra un espíritu de soberbia y altivez, engordado por la codicia.

Unos de los parámetros que desencadenan las teorías de economía en la sociedad de consumo moderna es la promoción de la ambición para crear un espíritu materialista de tener, que es el que consume a los países pobres, endeudándolos, porque tratan de tener más de lo que producen o necesitan, yendo mas allá de lo que podemos. Las teorías económicas establecen las bases del poder material como punto de partida para ejercer el poder político. Una de las premisas de la economía moderna parte de  que “los mercantilistas consideraban que la riqueza de una nación dependía de la cantidad de oro y plata que tuviese[5]“. Estos conceptos se han impuesto en todos los ámbitos de la sociedad, creándose una economía basada en la competencia brutal, guerras, intereses, injusticias y desequilibrios, a lo cual se unen todos los que alientan la ambición.

La ambición esta estrechamente ligada a la codicia, y esta a su vez genera políticas de desigualdad y de competencia inhumana, llevándonos a lo que podríamos llamar un materialismo brutal, definido como “liberalismo económico”.

          Cuando pensamos en “tener” y prosperar, nos enfrentamos a teorías económicas diversas, que llegan a justificar actos crueles, con tal de satisfacer los deseos ambiciosos de los hombres y las naciones. Una de estas teorías afirmaba que “El poder de la población es tan superior al poder de la tierra para permitir la subsistencia del hombre, que la muerte prematura tiene que, frenar hasta cierto punto el crecimiento del ser humano”. Este procedimiento para frenar el crecimiento poblacional se obtenía por medio de guerras,  epidemias, pestes,  plagas y los vicios humanos que producen las hambrunas, lo cual se presta para controlar el volumen de la población mundial y limitar la oferta de alimentos[6]. Si deseo tener buenos precios de un producto, destruyo o  echo al agua parte de la cosecha y así aumento los precios y tengo más ganancia. Por ejemplo, en Francia y España, los ganaderos, para aumentar el precio de la leche, destruyen parte de la producción, para crear una escasez que aumente los costos, mientras que los del tercer mundo se mueren de hambre por no poder pagar estos precios. A través de estas teorías se realizan actos ocultos y brutales de exterminio y genocidio, siendo la fuente de ello la ambición y el deseo de poder de los hombres.

          El  “tener” más allá de lo necesario es un acto de ambición. La Palabra enseña que “teniendo sustento y abrigo estemos contentos (1 Ti. 6:8) y que “La ambición del hombre es su desgracia, y es mejor ser indigente que engañador” Proverbios 19:22. La teología de la prosperidad despierta el deseo de tener como una meta, y establece que la prosperidad es señal de perfección[7].

No se puede aceptar la posesión de bienes como un parámetro para medir la vida espiritual, la perfección, o la fe de una persona, al menos eso fue lo que enseñó el mismo Jesús cuando dijo en Mateo 19:21: “Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el cielo. Y ven; sígueme.” De manera que la perfección según Jesús, es vivir sin desear tener más de lo necesario, es el no estar apegado a los bienes materiales como punto de partida para ser feliz. En sí, ser perfecto, es saber darse y desprendernos de lo que tenemos y somos, porque; “nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn. 15:13).

          ¿Cómo enfocan los evangelios la temática de la pobreza y la riqueza? ¿Hasta dónde podemos prosperar sin caer en el pecado de la ambición y la codicia? La mejor forma de exponer la posición Cristocentrica respecto al tema la da el Dr. Cesar Vidal Manzanares cuando escribe: “La enseñanza de Jesús acerca de los ricos, ni fue excesivamente radical ni cayó en un pauperismo que colocara en una condición privilegiada <<per se>> a los pobres materiales. Jesús señaló que es imposible servir a Dios y a las riquezas (Mt. 6:24), que éstas pueden ser engañosas y ahogar el mensaje  del Reino (Mt. 13:22) y que es difícil que los que poseen riquezas entren en el reino (Lc. 18:24). Pero, a la vez, indicó que el Reino les estaba abierto (Lc. 19:2) y mantuvo amistad con algunos de ellos… Jesús rehuyó tanto una visión justificativa de la riqueza como el pauperismo que ha caracterizado históricamente a algunos movimientos cristianos[8]”.

También el Señor Jesús enseñó que el deseo de tener riquezas nos lleva al afán y la ansiedad, y que no debemos preocuparnos por las cosas materiales, como los gentiles, sino vivir confiando en que Dios suple a su debido momento lo que necesitamos, de forma adecuada y equilibrada (Tm.  6:25-34). Recordemos que en el desierto Dios al alimentar a su pueblo le daba cada día el maná, y no se podía guardar, porque se agusanaba, y esto era para evitar el acaparamiento y la codicia (Éx. 16:17-20).

Dios desea que nos superemos, pero que en ese proceso no seamos víctimas de la ambición. Dios quiere que vivamos en prosperidad, como fruto de la fidelidad, pero que no codiciemos más de lo que necesitamos. Dios quiere que nuestra prosperidad redunde en bendición para los necesitados (2 Co. 8:13-15) y no en un derroche de lujos y placeres, como ocurre actualmente, y en este aspecto, hay mucho que decir, porque desgraciadamente los que predican la prosperidad sólo piensan en sí mismos, y su lujoso estilo de vida, ignorando la realidad de un mundo dominado por los pobres y hambrientos.

          ¿En que cabeza cabe escribirle a los líderes de Cuba para pedirle ofrendas a cambio de prosperidad? Pues eso es lo que hacen muchos tele-evangelistas en Estados Unidos. Lo peor de todo, es que estos maestros de la prosperidad no enseñan a sus miembros a ser fieles a sus iglesias locales,  sino que incluso a veces piden diezmos y ofrendas para ello, afirmando que si así hacen el Señor les aplicara el “milagro de la centuplicación”[9], o sea, que por cada dólar que dés, Dios te devuelve 100. Esto forja una acción de dar por interés y no por amor y gratitud[10].


[1] – La marca de un modelo de lujo de los autos norteamericanos.

[2] – Dicho en la cadena TBN del 29 de Marzo en el programa “Ever increasing Faith”.

[3] – El maestro de estas afirmaciones es John Avanzini, que apoyado en una interpretación distorsionada de Juan 19:23 afirmó que la ropa de Jesús era hecha por un diseñador de fama. Lo dijo en el programa “Believer´s Voice if Victory” TBN en Enero 20 del 1991.

[4] – Diccionario Encarta, 1999.

[5]«Economía», Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation.

[6]«Economía», Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation.

[7] . El Dr Carlos Gordillo de México Afirmó esto en unas enseñanzas que dio en México. Del Libro “Los Profetas de la Prosperidad” de Eiren Israel, Editorial Sabbaoth, Mexico, 1996.

[8] – Tomado del libro “Diccionario de Jesús y los Evangelio” Editorial Verbo Divino, Navarra, España, 1995

[9] – El maestro de la centuplicación ha sido el maestro de la prosperidad Robert Tilton, el cual ha popularizado el concepto de la “fe rápida” mediante la cual puedes hacerte rico en poco tiempo si inviertes en la bolsa de valores de Dios,  que consiste en darles a ellos una semilla (dinero) para que florezca en más semilla.

[10] – “El Dar ¿Por temor, por interés o por amor? Mario Fumero Producciones Peniel, 1998, Honduras C.A.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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