DEFINAMOS EL EVANGELIO DE OFERTA

Mario E. Fumero

Del libro ¿Por qué colapsa el cristianismo?

Dentro de las técnicas del mercado, se ha desarrollado la dinámica del marketing, la cual consiste en un conjunto de estrategias y métodos utilizados para identificar las necesidades de las personas, y captar su atención, con el fin de persuadirlas para que adquieran un determinado producto, servicio o idea. Para ello, se presenta la oferta de la forma más atractiva posible, mientras que los aspectos negativos o menos convenientes suelen ocultarse en letras pequeñas.

En la metodología del evangelismo y de la predicación se ha adoptado la misma técnica del marketing, que consiste en presentar primero la ofertas, escondiendo la demanda. Para definirlo de forma más sencilla, es tomar de la Biblia todos los aspectos positivos, en donde el Señor ofrece bendiciones prosperidad, sanidad, victoria y gozo, omitiendo la contrapartida, que es la negación, el sacrificio y el sufrimiento.

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

La Palabra de Dios es como una moneda, que tiene dos lados. No puedo negar que el Señor ofrece bendición, prosperidad, salud y victoria a los que le sirven, pero en el otro lado de la moneda, también nos presenta la necesidad de padecer, sufrir, enfermar, angustiarnos y tener diversas tribulaciones. Es como ocurre hoy en día con los “derechos humanos”, enfatizamos tanto los mismos, que olvidamos que para tener derechos, primero hay que cumplir los deberes. Con el Evangelio pasa lo mismo, para poder gozar de la protección divina en momentos difíciles, tenemos que entrar por la puerta estrecha, y estar dispuesto a negarnos a nosotros mismos para sufrir y obedecer, aceptando como parte de la vida cristiana la aflicción y el sufrimiento, sabiendo que una vez que pasemos la prueba, seremos bendecidos.

¿Usó Jesucristo técnicas persuasivas en su mensaje? ¿Ofreció primero alguna oferta, para después darnos sus demandas? Si Jesucristo predicara en los púlpitos de una iglesia evangélica hoy en día ¿sería un mensaje persuasivo o confrontativo? ¿Sabemos definir qué significa la palabra confrontativo?

          Un mensaje es confrontativo cuando enfrenta o desafía directamente a una persona en sus ideas, conductas, creencias o actitudes erróneas, con el propósito de corregirlo, advertirle y llamarle a la reflexión, a fin de provocar un cambio en su estilo de vida. Se denomina mensaje confrontativo a aquel que señala pecados, errores o contradicciones, o que cuestiona conductas o creencias equivocadas, presentando una verdad que puede resultar incómoda y llamando al arrepentimiento, a la corrección o al cambio.

Muchos de los mensajes de los profetas del Antiguo Testamento fueron confrontativos. Juan el Bautista confrontó el pecado de Herodes. En Mateo 3:7 se registran sus palabras cuando afirmó: «¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?», lo cual le costó la vida.

En muchos de los mensajes de Jesucristo encontramos palabras claramente confrontativas, porque denunciaba el pecado, y llamaba a la conversión. ¿Cuál fue el llamado de Jesús para que alguien pudiera ser su discípulo? ¿Era pasar al frente y levantar la mano? ¡No! Él fue tajante al decir, con un detalle adicional: «…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame» Lucas 9:23.

Asimismo, cuando muchos se escandalizaron por sus palabras, después del milagro de los panes y los peces, Jesús no buscó agradarlos, ni suavizar su mensaje. Más bien, al declararse “el pan de vida”, ocurrió que: «Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?»  Juan 6:66-67. Aquí vemos que en vez de consolarlos o retenerlos con palabras suaves, los confrontó en su actitud. ¿No habría sido más lógico animarlos y hablarles con menos dureza? Pero así era Jesús: no andaba por las ramas, no era diplomático en el sentido humano, ni suavizaba la verdad. Por eso fue rechazado y condenado por los religiosos de su época. Frente a la falsa religiosidad de los escribas y fariseos, les dijo en Mateo 23:27: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados…»

Asimismo, el apóstol Pablo exhortó a predicar confrontativamente en 2 Timoteo 4:2[1] y le amonestó en Efesios 5:11 para que “no participara de las obras de las tinieblas, ordenándole que las reprendiera«[2], e incluso, reprendió al apóstol Pedro por su hipocresía entre los Gálatas 2:11-14[3], y a los Corintios los confrontó por sus pecados sexuales de forma severa (1 Corintios 5:1-2)[4] exhortando a la iglesia a tomar medidas disciplinarias contra tales conductas inmorales (Gálatas 5:19-21)[5]. En Romanos 1:18-32, Pablo describe cómo los hombres rechazaron a Dios, cayendo en toda clase de pecados «Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones…», declarando en Romanos 3:23 que «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.»

Pero Pablo no solamente se conformó con reprender a los cristianos por sus pecados carnales, sino que también les llamó la atención cuando vivían desordenadamente, amonestando a aquellos que no querían trabajar, y se aprovechaban del amor de otros hermanos, para vivir a costillas de ellos, y les dijo en palabras muy fuertes que “el que no quiera trabajar tampoco coma”[6].


BIBLIOGRAFÍA

[1]–:»Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina»

[2]– “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas.»

[3]-:«Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar… Y los demás judíos también participaron de su simulación… Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos…»

[4]– «De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación… Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado…?»

[5]–:«Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades.. y los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.»

[6]– 2 Tesalonicenses 3:10: «Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.»

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