LO QUE ESTAN PERDIENDO LOS CREYENTES AL ENTRAR A UNA IGLESIA

Por Samuel Santana

Las realidades sociales que hay en un país, también se dan en las iglesias y en las religiones. Los devotos no corresponden a una sola clase social y en una iglesia se pueden encontrar pobres, clase media y personas adineradas, pero también hay casos en que cada congregación está integrada por un solo segmento social. Esto ocurre en barrios, residenciales y donde viven los poderosos. Las personas suelen sentirse a gusto con la iglesia que se ajuste al estatus social. Un pobre metido en una congregación adinerada es como el pez de río metido en el mar.

Pero el problema mayor no está en la clasificación de la membresía sino, más bien, entre el pastor y los fieles. Los miembros son vistos como seguidores y el pastor como el líder que toma las decisiones tanto en el orden espiritual como en los demás aspectos de las vidas de los fieles. Cuando una persona entra a una congregación, al tiempo de entregar su alma a Dios, también está cediendo parte de sus decisiones importantes en la vida y de cara a las elecciones presidenciales del Brasil, dentro de las iglesias evangélicas se ha acuñado el lema “votar por Bolsonaro porque lo pide el pastor”. Esa es la indicación de que el miembro de iglesia entrega su poder de decisión política a la opinión y parecer de su guía espiritual. Esto ocurre así porque piensa que su pastor tiene mejor capacidad para determinar lo que políticamente conviene.

Alguien dijo que los pastores reciben el salario de los creyentes y, al mismo tiempo, los beneficios terrenales del poder usando a los mismos miembros como mercancía de intercambio. ¿De dónde viene la idea de que los creyentes en Cristo tengan representantes en la tierra para sus decisiones en la vida? Cuando uno quiere encontrar una respuesta teológica a una pregunta, acude siempre a los escritos sagrados porque es el único marco referencial autorizado.

En el Antiguo Testamento los representantes del pueblo judío fueron Moisés, los jueces, los sacerdotes y los reyes. Dios comisionó a Moisés para hablar al Faraón en su nombre y los sacerdotes intercedían y ofrecían sacrificios en nombre del pueblo, y los profetas representaron a Dios ante los reyes y los demás líderes. En cambio, Jesús no comisionó alguna representación en su nombre para gestionar algo político ante los hombres, lo único que hizo fue ordenar a sus seguidores predicar su evangelio y hacer prodigios. El mismo era la fuente de autoridad, y sólo ordenó pagar los impuestos al Cesar, pero no inmiscuirse en los asuntos del poder de Roma. Satanás quiso que incursionara en este terreno, pero Jesús lo reprendió (Mateo 4) porque Su reino no es de este mundo (Juan 18:36).

A diferencia de los reinos terrenales que usan la fuerza militar, el poder o la riqueza para imponerse, su reino se basa en la redención de los perdidos, en la verdad, la justicia, la paz y el amor. La alianza de la iglesia con el poder político ocurrió con Constantino en el 314 Después de Cristo y desde entonces los Papas pasaron a ser representantes de Dios y de los cristianos ante los poderes terrenales. Hasta ese hecho histórico los fieles eran perseguidos y discriminados en la sociedad. Tristemente la Reforma de Lutero nació pegada al poder político. Los príncipes contrarios al Papado apoyaron la Reforma, y los europeos que huyeron a América plantaron instituciones en las nuevas tierras ligadas a la fe.

De igual modo, la Conquista de América estuvo acompañada de sacerdotes católicos. La relación entre el poder político y la fe no fue establecida por Jesucristo, ni siquiera por los apóstoles, eso lo hicieron la iglesia universal (católica) y el luteranismo. En el sistema judaico la relación pueblo, gobierno y Dios fue creada por Jehová mismo, pero después de Cristo, esta alianza fue ideada por Constantino y con la Reforma fueron los príncipes enemigos del Papa. Los peregrinos de América mantuvieron la misma dinámica, pero con el ideal de expresar su fe en las instituciones.

Hoy la relación es estratégica y por conveniencia. Se impone más lo humano que lo divino. Es decir, lo humano busca utilizar la fe para provecho propio.

En el Siglo XX esto prosiguió ahondándose más al calor de la Guerra Fría y América Latina es el contexto geográfico donde esto ha sido una evidente realidad. En esta zona el cristianismo católico se hizo combativo para los intereses norteamericanos, de ahí que Estados Unidos impulsó la propagación del evangelismo protestante en la región, para contrarrestar el poder del clero sobre las masas y entonces se dio la lucha entre la Teología de la Liberación y la hegemonía norteamericana.

Como aliada importante en el forcejeo, la política estadounidense usó la teología luterana o protestante, y aunque se tomó tiempo el crecimiento del protestantismo en la región, ya hoy es un poder altamente notable, pero ahora los controladores y lideres de esa masa son los pastores y guías espirituales. Han creado instituciones que articulan esa representación. Los partidos políticos y los candidatos a posiciones del Gobierno en el Estado hacen alianzas con los pastores en nombre de los feligreses y el liderazgo religioso justifica la incursión abierta en las elecciones, argumentando que lo hacen en pro de los valores de vida, éticos, morales y espirituales.

De ahí el compromiso con los partidos y políticos que abracen esos ideales, que regularmente son los de derecha y los conservadores. Eso es más importante que cualquier proyecto económico o de cambio social. Ese apoyo se ha visto en Europa con la derecha y el conservadurismo, en Estados Unidos con los republicanos, y en América Latina con figuras como los Bolsonaros, Fabricio Alvarado, Efrain Ríos Mont, Jimmy Morales, Javier Bertucci, Jorge Antonio Trujillo, José Antonio Kast y las bancadas evangélicas compuestas por pastores, y aunque hay una separación constitucional entre la iglesia y el Estado, conscientes del poder que ejerce el voto religioso en unas elecciones, los políticos prometen a los creyentes la decisión de implementar en sus gestiones la agenda que responda a sus intereses espirituales.

Así que ya el cambio en las sociedades no es por el efecto de la predicación del evangelio, sino por el poder político que ha logrado el crecimiento de la fe. Los partidos necesitan a los pastores para que les consigan los votos de sus feligreses y los pastores necesitan a los políticos para que le den acceso al poder, esto ha creado una división social que afecta al mismo evangelio. Los políticos de izquierda y candidatos opositores ahora presentan la religión como un peligro. En Brasil acusan a las iglesias de estar financiadas por Estados Unidos y por la elite de poder y al entrar al terreno de la política la iglesia se expone. El problema mayor es que aparte de arrancarles a los creyentes su propio poder de decisión, los líderes religiosos están desviando el evangelio de su verdadera misión y visión escatológica.

El evangelio y la iglesia se originaron al margen de la política, pero hoy los ministros de Cristo han metido de lleno la fe dentro de este delicado y peligroso terreno. Es muy seguro que los pastores y líderes evangélicos, católicos y religiosos van a ganar poder, influencia y beneficios en este mundo, pero el precio caro lo pagará la integridad del evangelio de Cristo La realidad clara es que entrar a una iglesia, es también formar parte de la política.

Avatar de Desconocido

About unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
Esta entrada fue publicada en Articulo, Politica en la iglesia. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.