Tres veces en los evangelios podemos encontrar las palabras de Jesús, «atando al hombre fuerte». Sin embargo, en ninguno de esos casos Jesús dijo que «atar al hombre fuerte» era algo que sus seguidores debían practicar. Examinemos exactamente lo que Jesús dijo, y leámoslo contextualmente:
«Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Belcebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios. Y habiéndolos llamado, les hablaba en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? Si un reino está divido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer. Seguir leyendo









