Mario E. Fumero
Si queremos tener enemigos entre los amigos, solamente tenemos que hacer una cosa, «decir la verdad, sin ofender», y olvidarnos de la diplomacia. Ninguna verdad es agradable para los que andan mal, y al señalar los problemas sociales, humanos o políticos, nos convertimos en enemigos de los tales, a menos que estos recapaciten y asuman la verdad con dignidad y valor. No cabe duda que el decir la verdad duele y molesta, principalmente a aquellos que viven en el error y el engaño.
Jesucristo tuvo muchos enemigos en sus ministerio, y la causa principal fue su enfrentamiento con la clase religiosa y privilegiada de Israel, y por decir las verdades, en un momento en que el judaísmo vivía una crisis de valores, porque sus líderes religiosos engañaban a los humilde y se alineaban al lado del poder dominante, fue llevado a juicio. Es por ello que los religiosos, que eran los fariseos y saduceos, fueron señalados por Jesús como hipócritas, ya que estos se habían congraciado con la clase política de Roma, la cual era una potencia extrajera e invasora del territorio palestino, haciéndole el juego a la ocupación, para tenerlos contentos, a fin de que le ofrecieran ciertos derechos respecto a la libertad de culto, pero ellos no supieron usar debidamente ese derechos, y se dedicaban a explotar a la población, demandándole pagar tributos al templo, y visitaban a las pobres viudas para diézmateles hasta las especies que usaban para cocinar (Mateo 23:23). Seguir leyendo






