Autor desconocido
Es bien fácil de entender, si con confianza, docilidad y mansedumbre nos acercamos a Dios. Esto es lo que significa: “Somos pecadores lavados por la Sangre de Cristo”.
No debemos olvidarlo jamás, para que no nos volvamos arrogantes. Porque podemos comenzar a comportarnos como si nunca hubiésemos sido pecadores, y nunca hubiéramos vivido en un estado lamentable, miserable y desgraciado. Tener bien presente de donde nos sacó el Señor, es una señal de humildad y de reconocimiento al Señorío de Cristo y Su autoridad en nuestra vida. Nos hace bien recordarnos a nosotros mismos que, no somos autosuficientes y que hemos llegado a ser hijos de Dios, miembros del Cuerpo de Cristo y con el privilegio de servirle, sólo por la Gracia y la Misericordia de Dios, y no por nuestro propio mérito, o nuestras obras, o nuestras fuerzas y capacidades. Seguir leyendo







