Ángel Bea
No debe de extrañarnos que hombres que niegan su propia sexualidad, muchos sin haber recibido el don del celibato, caigan en algunos tipos de perversiones sexuales. Sobre todo aprovechándose de niños indefensos y de su condición de «hombres de Dios». Así, pretendiendo ser fieles a sus votos de castidad, caen en pecados más graves.
En relación a lo dicho anteriormente, mucho de esos comportamientos se podrían evitar con tan solo aceptar que, ejercer el ministerio pastoral no está reñido con el estado del, nunca mejor dicho «santo estado del matrimonio». Al menos, eso es lo que vemos en las Sagradas Escrituras. Un Pedro (el supuesto primer «Papa») casado, así como los demás apóstoles y la gran mayoría de los obispos/pastores/presbíteros, también eran hombres casados. Además, era recomendación apostólica, como norma, que fuesen casados dado que la primera «iglesia» que tenían que atender y gobernar era su propia casa: «Porque el que no sabe gobernar bien su casa, ¿cómo cuidará de la Iglesia de Dios?» (Ver, 1Ti.3.1-6; 1Co.9.4-5). Seguir leyendo →