Mario E. Fumero
Uno de los males del cristianismo moderno es el doble discurso de sus líderes. ¿A qué denominó “doble discurso”? A la contradicción entre lo que enseñamos y lo que vivimos y hacemos. A esta actitud de “no vivir lo que predicamos” podemos denominarle «incoherencia», aunque Jesús fue mucho más duro y le llamó hipocresía (Mateo 23:14, 15,23).
EXHORTADOS A SER CARTAS ESCRITAS
Cuando proclamamos el evangelio de Jesucristo, la gente va a tomar no solo lo que decimos, sino que va a juzgar nuestra conducta, porque por nuestras palabras seremos juzgados (Mateo 12:37). Es por ello que el apóstol Pablo exhorta a los Corintios a ser cartas escritas, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo (2 Corintios 3:2-3). ¿Qué quiso decir el apóstol? Que tenemos que encarnar en nosotros la Palabra revelada. Debemos tener coherencia entre lo que predicamos y lo que vivimos.
UN MENSAJE COHERENTE CON LOS HECHOS
El apóstol Santiago también habla de la coherencia en la vida cristiana, cuando hace alusión en su epístola a que debemos ser hacedores, y no solamente oidores de la Palabra (Santiago 1:22). No podemos hablar de humildad, cuando somos soberbios. No podemos hablar de sencillez cuando somos ostentosos. No podemos hablar de entrega, cuando vivimos dentro de nuestros propios caprichos y bienestar. A la hora de predicar una verdad, debemos examinarnos y preguntarnos, ¿estoy viviendo lo que estoy predicando?
Una de las causas de la decadencia del cristianismo moderno radica en el hecho de que los supuestos ministros del evangelio, no viven coherentemente con lo que enseñan las Sagradas Escrituras. Para justificar lo injustificable, echan manos de ciertos textos bíblicos para manosearlos, y hacerles decir lo que la Biblia no dice, a esto le llamamos «descontextualización bíblica«.
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