Dr. Keith Phillips
Durante la Edad de Oro de Grecia, se podía ver al joven Platón recorriendo las calles de Atenas en la búsqueda de su maestro: el andrajoso, descalzo y brillante Sócrates. Aquí, probablemente, está el comienzo del discipulado. Sócrates no escribió libros. Sus seguidores escuchaban atentamente cada palabra que les hablaba y observaban las cosas que él hacía a fin de prepararse para enseñar a otros. Aparentemente el sistema dio resultados: posteriormente Platón fundó la Academia donde se continuó enseñando filosofía y ciencia por novecientos años.
Jesús usó una relación similar con los hombres que Él preparó para expandir el Reino de Dios. Sus discípulos estuvieron con Él día y noche por tres años, escucharon sus sermones y memorizaron sus enseñanzas. Lo vieron vivir la vida que les enseñó. Entonces, después de su ascensión, los discípulos transmitieron las palabras de Cristo a otros y los estimularon a adoptar su estilo de vida y a obedecer sus enseñanzas.
Un discípulo es un estudiante que memoriza las palabras, acciones y estilo de vida de su maestro en preparación para enseñar a otros. En el discipulado cristiano es una relación de maestro a alumno, basada en el modelo de Cristo y sus discípulos, en la cual el maestro reproduce en el estudiante la plenitud de vida que él tiene en Cristo, en tal forma que el discípulo se capacite para adiestrar y enseñar a otros.
Un estudio cuidadoso de la vida y enseñanza de Cristo, revela que el discipulado tiene dos componentes esenciales: la muerte a sí mismo y la reproducción. Ambos dieron la tónica al ministerio total de Jesús. Él murió para poder reproducir vidas nuevas. Y Él quiere que cada uno de sus seguidores siga su ejemplo.
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