David Wilkerson:
“Yo soy el buen pastor, el buen pastor su vida da por las ovejas. Pero el asalariado, que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa” (Juan 10:11-12).
Como Pablo, en Hechos 20, va camino a Jerusalén, se detiene en Éfeso. Allí convocó a los líderes de la iglesia para una reunión especial. Solemnemente les dijo a esos creyentes efesios: “Y ahora, yo sé que ninguno de vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro” (Hechos 20:25). Pablo, entonces, entregó su último mensaje a los efesios. En esencia les dijo: “He estado con ustedes antes y conocen todo lo que he hecho. Les he servido con humildad y lagrimas. He predicado en vuestra iglesia, como asimismo casa por casa. Todo lo he cumplido bajo las más grandes tribulaciones y persecuciones. Pero, [nada he guardado de vosotros].” Entonces, con lágrimas, les dio esta sobria advertencia: “… por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (Hechos 20:31). Seguir leyendo











