Maro E. Fumero.
No cabe duda que la decadencia moral, social y política que vive Honduras se presta para que se proclamé la necesidad de un salvador, pero no de una persona que con poderes mágicos pueda resolver un problema en que ha estado enquistado en Honduras por más de 100 años, producto de dos factores sociológico: la herencia española y la ignorancia generalizada.
Con asombro leo en los periódicos la creación de un partido político en la cual su fundador, Salvador Nasralla, le llama al partido político «EL SALVADOR DE HONDURAS». Quizás en la mente de Salvador Nasralla está la idea de que él es un mesías, que por arte de magia, pueda sanar una sociedad podrida por la corrupción y la violencia, pero tristemente el nombre que ha tomado y el sentido mesiánico que le ha dado al partido, evidencia la ignorancia total de lo que significa «un salvador» en el sentido literal de la palabra, y muestra una tendencia psicológica de megalomanía. Seguir leyendo









