César Vidal
Para las personas de más de cincuenta años que han vivido en España, es relativamente fácil recordar una época en que ser cristiano era garantía de seguridad. Bueno, habría que decir más bien ser católico porque ser protestante o pertenecer a los testigos de Jehová o ser judío no resultaba ni fácil ni barato.
Pero si se era católico uno estaba inserto en un engranaje social y folklórico que casi sólo tenía beneficios. También hay que decir que salirse de la noria, era, como mínimo, complicado. Separarse, que los niños no se bautizaran o hicieran la primera comunión, no casarse por la iglesia, tenía unas repercusiones tan onerosas que había que estar muy convencido – incluso tener espíritu de mártir – como para asumir el riesgo. Los bancos podían tener contabilidad B, pero echaban a un empleado que se separara o que llevara el pelo largo. Funcionarios sólo podían ser los católicos o los dispuestos a fingirlo. Si hoy en día, se volviera a esa disposición, estoy convencido de que asistiríamos a una recatolización de España verdaderamente espectacular. Seguir leyendo










