Cristina Méndez no supo cuándo comenzó todo, pero una mañana cualquiera despertó inmersa en el mundo del ocultismo. Como empresaria del transporte en Ecuador, recibía enormes ingresos mensuales. De algo sirvió estudiar economía, pensaba una y otra vez al rememorar su época de estudiante en la Universidad Nacional. Su familia sentía la íntima satisfacción de apreciar un ascenso sostenido en la escala social. Habían dejado el barrio marginal y hoy residían en una urbanización de clase media.
Pero la crisis financiera y política que golpeó ese país, produjo una caída vertical de sus negocios. Vendió buen número de los automotores de la compañía. Sin embargo la situación ecuatoriana antes que mejorar, empeoró. Llegó la ruina. Cristina sintió que moriría. En un abrir y cerrar de ojos su vida se convirtió en un infierno. No estaba preparada para enfrentar la bancarrota. Se precipitaba sin freno al abismo de la desesperación.
Seguir leyendo











