Mario E. Fumero
La situación económica del mundo se complica cada vez más con el Covid 19. Además, las grandes potencias están confrontando un proceso de calentamiento global tanto climática como económicamente, o sea, una retracción del capital y la producción. Esto es una cadena que lo afecta todo. Si hay desempleo, hay menos capital circulante, y se consume menos. Al consumirse poco, porque no hay para comprar, se produce menos y se reduce las plantillas de las fabricas. Quienes primero sufren las consecuencias son los productos catalogados “superfluo”, tales como la ropa, cosméticos, restaurantes, centro de diversión y los productos no básicos en la alimentación, máxime al colapsarse la economía con restricciones epidemiológicas.
La gente deja de tomar refrescos, para fabricar con polvo o limones un sustituto. Quiebran los restaurantes, se compra menos ropa y se consume la que se tiene al máximo, y así sucesivamente se va creando una recesión. Esta produce despidos, cierres de tiendas y fabricas, y a su vez, la crisis se agudiza. Es una reacción en cadena, cuyo pronostico es impredecible, y es que la economía, aunque en lo matemático es una ciencia, en lo práctico es un arte variable.
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