Enviado por Franklin Escalona
Existen hombres que predican con mucha elocuencia, sus predicas cautivan, son bonitas y adornadas y tienen una excelente aplicación para las personas que están resignadas a vivir en este mundo gobernado por las tinieblas, pero para nosotros los hijos de Dios, ciudadanos del Cielo, embajadores en este mundo, que creemos que estamos a punto de ser arrebatados y que nuestro Gran Rey Jesús El Cristo pronto pisará de nuevo esta tierra, estas predicaciones no tienen sustancia, no producen vida, no rompen las cadenas, no quitan las escamas de los ojos del incrédulo que está perdido rumbo al infierno.
El propósito por el cual se escribió la Biblia es uno solo y está muy claro en Juan 20:30-31. Allí el escritor nos dice que él registró todas las señales que hizo Jesús, para que creamos que El es El Cristo y al creer en El tengamos vida. La Biblia nos relata que Dios hizo al Hombre a su imagen y semejanza para señorear la tierra, el hombre estaba lleno de vida porque estaba unido al creador, pero cuando rompió el pacto de su palabra (Gn 2:17), se convirtió en incrédulo, quedó separado de Dios, condenado a muerte. Luego Dios decide hacer un nuevo pacto con el ser humano Gn 3:15), para solucionar este terrible problema que tiene el ser humano. Promete enviar a su Hijo, el cual sería El Mesías en hebreo o Cristo en griego, que significa el ungido, este vendría a la tierra a darle vida nuevamente al ser humano, el cual está muerto en sus delitos y pecados. Jesús fundó la Iglesia sobre la revelación de que El es El Cristo (Mt 16;16). Si tenemos está revelación, nuestro deber es testificar a toda persona esta palabra, para que al creer tenga vida, aquella vida que perdió Adán en el Huerto del Edén. Seguir leyendo










