Mario E. Fumero
Uno de los grandes problemas que confrontamos en el cristianismo moderno es el hecho de que estamos predicando un evangelio en donde no llevamos a las personas a reconocer su pasado, para reconocer que es pecador, y poder arrepentirse, aceptando el hecho de culpabilidad por haber desobedecido la ley de Dios. La falta de convicción de pecado, y la estimulación de las emociones religiosas, sin pasar por un proceso de quebrantamiento, genera una falsa conversión, porque es imposible una genuina transformación si primero no nos humillarnos y quebrantarnos. No puede existir alegría y gozo, sin lágrimas y sufrimiento.
El apóstol Pablo habrá de una tristeza que produce arrepentimiento para salvación (2 Corintios 7:10). Jesús habló de una tristeza que produce gozo, y en el texto se refiere a la tristeza fruto del arrepentimiento, y a las consecuencias originada cuando somos rechazados por el mundo, porque al vivir conforme a los valores del reino de Dios en un mundo perversos, dominado por los hijos de la tiniebla, lógicamente se desencadenara el rechazo, persecución, angustia y desprecio hacia todos aquellos que vivan en integridad y santidad, ya que es imposible vivir y predicar la verdad en medio de la mentira, sin sufrir consecuencias. Seguir leyendo













