Mario E. Fumero
Ante los ojos de Dios, todos los seres humanos somos iguales. Dice la Biblia que Dios no hace excepción de persona, por lo tanto, no existen privilegios, excepto aquel otorgado por el derecho adquirido en el tiempo y madures, como el que nace de la paternidad o la elección, pero que no es arbitrario, ni tampoco exclusivista, porque el que quiera ser el mayor, o mas grande, dijo Jesús, debe ser el servidor de todos.
De igual forma, la Constitución de Honduras establece la igualdad de derechos para todos los ciudadanos, sin excepción de persona. Esto en teoría es sublime, ideal y pragmático, pero en la práctica, tristemente no es así. Todos sabemos que aquí los diputados y ciertos ejecutivos tienen inmunidad, no pagan ciertos impuestos y gozan de muchas prebendas. De igual forma los maestros, médicos y algunos gremios tienen otorgados privilegios laborales que no tienen la gran mayoría de otros trabajadores o empleados públicos.
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