Dr. César Vidal
No se necesita una especial inteligencia para comprender que una organización que no duda en atribuir a su cabeza un tratamiento que la Biblia sólo atribuye a Jesús y que no ha tenido el menor reparo en falsificar documentos para crear un estado que perdura hasta la actualidad, no iba a detenerse ante nada si sus intereses así le convenían.
Por supuesto, el argumento utilizado – circular donde los haya – es que sólo ella puede interpretar las Escrituras y, por lo tanto, cuando éstas dicen todo lo contrario de lo que ella afirma es que no se interpretan bien. A decir verdad, ese razonamiento sólo se ha dado históricamente en los estados totalitarios porque ni siquiera las monarquías absolutas se han atrevido a tanto. Sólo el nacional-socialismo alemán o el stalinismo se atrevieron a decir que, dijera lo que dijera la ley – que no pocas veces reconocía derechos en el papel – quien la interpretaba era el Führer o el Vodzh y su interpretación era la única aceptable. Justo es reconocer que antes que Hitler o Lenin, esa línea de interpretación sólo se atrevió a llevarla a cabo el Vaticano. Las razones son obvias. El sistema se desploma cuando se le enfrenta con lo que afirma la Escritura. Desarrollar esa cuestión sería materia suficiente para extensos volúmenes, pero permítaseme dar algunos ejemplos. Seguir leyendo












