Mario E. Fumero
La lengua castellana es muy rica en sus expresiones, se le denomina una lengua románica, y se caracteriza porque su versatilidad de decir una misma cosa en muchas formas diferentes; cuenta además con un sin número de antónimos y sinónimos. Posee más riqueza literaria que muchos otros idiomas, como, por ejemplo, el inglés, ya que existen muchas maneras de expresar una idea, así como la capacidad de definir géneros, y pluralizar o singularizar según sea el caso, pero algunas veces, cuando se trata de traducir del griego, hay conceptos en los que se queda pobre, o la traducción al castellano hace que se pierda la fuerza original de la idea escrita.
LA PALABRA SEÑOR CON MAYÚSCULA
Es ahí en donde encontramos que la palabra Señor, con mayúscula, en el medio de una oración, no indica a un señor cualquiera, como comúnmente decimos, sino se refiere a un título o posición de dominio. En la Edad Media, así como en época del Nuevo Testamento, el término “Señor” indicando dominio y poder, procede del griego “Kyrios”, que en un sentido indicaba “soberano”. También, la palabra Kyrios en la época del Imperio Romano se usaba para identificar al “amo”, es decir, aquella persona que contaba con esclavos bajo su poder, y también para nombrar al emperador romano, al cual se le llamaba “Kyrios”. En esa época era uno de los títulos que se les daba a los emperadores de Roma, donde al aclamarles cómo soberano, se les gritaba “SALVE KYRIOS”. Fue debido a ello que al aparecer los cristianos usando ese término para referirse a Jesús, el emperador Nerón se puso furioso, desencadenando una cruel persecución en contra de los cristianos.
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