Mario E. Fumero
Cuando la iglesia se adapta al sistema dominante, el riesgo de ser absorbida por las influencias del mundo es latente, porque, aunque no somos del mundo, estamos en él (Juan 17:15-16). En el estudio del libro de Éxodo vemos como el pueblo hebreo, con principios monoteístas, y diferente a las costumbres de Egipto, durante el periodo de la esclavitud, que duro 400 años, absorbieron la cultura de estos, y sin darse cuenta, claudicaron de sus valores tradicionales, para absorber y expresar los valores del “politeísmo” y costumbres de los egipcios. Esto lo vemos en el Sinaí, mientras Moisés hablaba con Dios, y recibía las tablas de los diez mandamientos, el pueblo hacia un becerro de oro, adorándolo y danzando a su alrededor (Éxodo 32:1-5)
En nuestros tiempos las iglesias cristianas han tomado diferentes aspectos en su quehacer dentro del mundo. En algunas áreas han sido influenciadas por las corrientes filosóficas y políticas que dominan el planeta. Es por ello que vamos a tratar de discernir las características de una iglesia verdadera, frente a una iglesia falsa, que ha tomado el camino de la apostasía, señalado en Apocalipsis al definir a la iglesia de Laodicea como símbolo de la falsa religión.
Para comprender mejor lo que quiero decir, y poder discernir el modelo de iglesia conforme a la Palabra de Dios, quiero clasificar su quehacer dentro de tres parámetros: 1) la iglesia como empresa, 2) la iglesia como negocio, y 3) la iglesia como el reino de Dios en la tierra.
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