Mario E. Fumero
Si hay algo difícil de domar en nuestras vidas es el carácter. Este se compone de dos elementos básicos, el temperamento y el ego (yo). Aunque ambos se forjan a través de la educación, hay situaciones en que su unidad producen actitudes negativas, como por ejemplo, el niño que tiene un “yo” fuerte más un temperamento colérico-sanguíneo y que además fue consentido por sus padres, se vuelve prepotente.
Cuando los temperamentos son fuertes (colérico-sanguíneo) y el individuo tiende a tener un “YO” exaltado por lo que la problemática de tal persona se hace difícil. Esa persona confrontará problemas de relaciones personales. Uno de ellos es el resentimiento y el carácter explosivo, con el cual dañará a mucho que forman parte de su entorno. Es ahí cuando debemos aprender la lección de los daños que causamos, cuando arrastrados por estas actitudes, ofendemos o afectamos a otras personas. Para comprender mejor esto, he aquí una ilustración muy interesante que nos ofrece mucho material para reflexionar, y aprender una lección.
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